Cuando se creó la ONU, post Segunda Guerra Mundial, nos prometieron el mantenimiento de la paz. Con el tiempo sus ejes de acción se han ido ampliando. Ahora, además de mantener la paz y la seguridad internacionales, también se plantea proteger los derechos humanos; distribuir ayuda humanitaria; defender el derecho internacional; y, hasta apoyar el desarrollo sostenible y la acción climática. Básicamente han asumido, como organización, todos los problemas que le aquejan a la humanidad.
En papel suena bien, pero en la práctica es imposible. Primero, porque no tiene la capacidad ni operativa ni presupuestaria para atender de manera adecuada y controlada todos estos objetivos. Prueba de ello, las denuncias contra miembros de misiones de paz por violaciones de derechos humanos derivadas de subcontratar a una agencia para cubrir estas labores. Eso implica inmunidad para civiles sin formación ni control por parte de la ONU.
Pero más allá de eso, hay un elemento que paraliza a la ONU y que constantemente se nos olvida. Está formada por Estados soberanos e independientes que, si bien al decidir ser parte aceptan respetar y acatar ciertas normas y reglas institucionales, finalmente son quienes deciden sobre la base de sus propios intereses nacionales.
Naciones Unidas puede tener toda la intención de mantener la paz, pero sin la aprobación del Consejo de Seguridad no puede intervenir en un conflicto. Quizá quiera proteger los derechos humanos, pero no tiene la capacidad de castigar o juzgar – como organización- su incumplimiento más allá de la Asamblea General. Es probable que a través de la Corte Internacional de Justicia intente defender el derecho internacional, pero depende de que los países la consideren vinculante. Finalmente, lo más fácil es distribuir ayuda humanitaria y es justamente lo que ha logrado hacer frente a Israel – Palestina.
El Consejo de Seguridad no aprobó un rechazo unánime a Israel; las violaciones a los derechos humanos en la Franja de Gaza no han pasado de un discurso en la Asamblea General; y, no hubo capacidad para dar seguimiento a los acuerdos de paz y su cumplimiento en el marco del derecho internacional. Pedirle a Naciones Unidas que intervenga y que nos cumpla su promesa inaugural de mantener la paz es imposible. Es una institución atada de manos por los mismos Estados que la conforman y la financian. La ONU nació con muchas expectativas, pero paralizada.