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21 de noviembre 2023

Roberto Mendoza

En las más intensas y grandes competencias de múltiples disciplinas mundiales, nacionales y estatales, incluso las pequeñas escolares, hay varios lugares que son reconocidos, sobre todo porque los atletas o los participantes se preparan, entrenan, mentalizan y se concentran en competir, de esta forma hay un ganador pero usualmente una tabla de lugares, el segundo y tercer lugar es galardonado y reconocido, los demás rankeados con la idea de que puedan fortalecerse y llegar a un mejor lugar, incluso ganar en algún momento la competencia.

Aunque la política se dice que es una competencia, hay reglas y árbitros; no hay podio, los competidores o contendientes luchan de muchas maneras para ganar, en esa competencia no hay segundos lugares, ni ranking, el que gana, gana todo. Nunca como hoy las posiciones políticas han sido tan competidas y eso ha causado fracturas en todos los ámbitos de la vida política del país, la competencia ha sido desigual y por eso hay muchos competidores que no sólo han tenido que lidiar con la derrota, sino además han terminado lastimados.

Por el lado de Morena había seis competidores, cuatro de ellos sabían desde el principio que tenían pocas o ninguna posibilidad de ganar, la competencia “fuerte” era entre dos, ambos se habían ranqueado desde el primer día del gobierno y ambos sabían que si la competencia era real, libre y honesta cualquiera podría ganar.

Pero no fue así, una de las competidoras fue beneficiada por entes del gobierno y ganó, el otro contendiente logró una victoria pírrica: que el partido reconociera que hubo “prácticas indebidas en el proceso”, es decir, tácitamente le habían hecho trampa; una secretaria de estado, había ayudado a la candidata ganadora, sin embargo, no se anuló el proceso.

Por el lado de la oposición, casi todo ha sido caos, hay mucho entusiasmo y mucho empuje, pero esas fuerzas como sucede en el universo, si no se encausan se pierden, la energía es muchísima, el problema siempre ha sido hacerla útil. Ese es el reto que encara la candidata, emana tanta energía que fue imposible apagarla y sigue encendida; pero hay miedo, hay envidia, hay desorganización. La candidata dejó a sus competidores también lastimados, a los que ha podido los ha integrado a su luz, pero ellos se han ido apartando, autoexcluyendo, la ganadora del ingrato segundo lugar de su competencia interna, una magnifica candidata, hoy es un recuerdo apagado.

Lejos están los lideres partidistas de encausar esa energía, lo que buscan es robarla para iluminar sus respectivas esquinas, hacen lo que han hecho siempre, no se dan cuenta que el momento histórico es diferente, que su fuerza ya no es la misma, que sí tienen de su lado personas que creen en la mística y la cultura partidista, pero ellos ven primero por sus intereses, creen que porque las acciones de personajes y lideres del pasado en sus partidos hicieron cosas quizá hasta extraordinarias, por antonomasia los actuales también saben hacerlo y no, no son el pasado, son el presente que va minando el futuro.

El poder no se comparte, no importan las trayectorias ni los méritos, ni las supuestas masas que uno pueda o no movilizar, no se puede heredar, no se transmite, es un ente individual, solitario. Pero finito, nadie ha sido todopoderoso por siempre, ni los dioses. Por eso es destructivo, quiere sangre nueva a cada rato, quiere conocer nuevos cantos, nuevos ritos, nuevas adoraciones, le gusta el caos, pero promueve el orden. No hay segundos ni terceros poderes, sólo hay un poder supremo y se ejerce, hasta que lo consume todo.

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