Empecé a usar el transporte público cuando me mudé a Querétaro hace cinco años. No era algo diario: un trayecto corto de la universidad a mi casa y dentro del centro de la ciudad. Lo retomé este marzo porque el trabajo me queda retirado para usar Uber diario. Uno de los camiones que tomo es Flecha Azul, que todavía cobra con efectivo, ya que recorre todos los pueblos traseros de El Marqués. El segundo que utilizo es una van que me lleva a mi casa en Zibatá, con esta, he tenido una buena experiencia, pues nunca se llena y el recorrido es corto.
Soy una mujer foránea de 22 años y tengo la fortuna de que no me ha pasado nada ni he experimentado una situación en la que tenga miedo o me sienta incómoda. La aplicación Moovit es la que realmente me ha ayudado con el transporte público, pero hay demasiada gente de la tercera edad o de un sector socioeconómico bajo que no siempre tienen internet o un celular. Qrobús ha crecido y evolucionado, pero quisiera que se viera más como un proyecto urbano que solo invertir en más autobuses.