¿Qué tienen en común una banqueta, una ciclovía y una reserva ecológica? Además de ser recursos escasos en Querétaro, son objeto de las políticas públicas del “nomás tantito”. No pretendo exponer la cultura popular de tergiversar las reglas, sino de criticar la inacción de las autoridades ante transgresiones de mayor impacto, significado y consecuencias negativas para el bien común y a largo plazo.
Primero está la banqueta frente a la librería Gandhi de Álamos, la cual es constantemente invadida por sus clientes en automóvil. La reciente manifestación, y la segunda en poco más de un año, denota la omisión de reglamentos locales que pone en peligro la circulación peatonal. Después de la insistencia, la librería se mudó de lugar, lo cual no se puede decir de la diputada Tere Calzada. Estacionar un automóvil sobre una ciclovía está en violación del Reglamento de Tránsito, pero la prefirió argumentar una urgencia antes de retirar su vehículo para moverlo a otros lugares más adecuados para recoger a pasajeros en el Congreso de la Unión.
Finalmente está la invasión de El Batán, cuyo proyecto de reutilización de aguas tratas ha sido sujeto de mucha discusión, aunque poco estudio. Fuera del esquema de financiamiento público-privada, se conoce pocos detalles técnicos sobre el impacto ecológico y potabilidad de acuerdo con la norma. La dudosa solución artificial a un problema ecosistémico no es el único problema, sino la falta de visión sobre un plan integral de manejo de agua que cuente con la participación de todos.