El liderazgo requiere unidad y es algo que no está totalmente claro en este gobierno. Y no estoy refiriéndome a la oposición sino a los aliados -se supone- de la presidenta. Y es que para que haya una cohesión natural todos deben estar medianamente contentos y para eso se necesita negociar, concertar, buscar acuerdos, pero cuando lo que recibes es sólo imposición y la idea de que debes ser sumiso porque “te conviene” comienzan las incomodidades.
Así pasó con las votaciones en el primer periodo de sesiones de ambas cámaras, no todos los aliados del partido morena estaban totalmente de acuerdo con lo que votaban, algunos querían por lo menos leer las leyes antes de votar, otros hubiesen querido aportar algo, unos más modificar términos, plazos o acciones y varios de plano no estaban de acuerdo, sucedió por ejemplo en la imposición de la ombudsperson, en la reforma a la prisión preventiva, a la Guardia Nacional, a poner en la constitución la prohibición a los vapeadores o la reforma al Poder Judicial. Pero los senadores y diputados de PT y Verde callaron y se disciplinaron, sin embargo, la molestia está siempre latente, a flor de piel.
No sólo el problema está en los aliados, sino internamente, en morena los lideres se imponen y prácticamente no hay negociación, no hay forma de estar en desacuerdo, las iniciativas se votan como lo mandan los coordinadores, es cierto que en algunos casos hubo acercamientos a los que no estaban de acuerdo, pero no es la norma. En el Congreso hay un clima enrarecido. Por ejemplo, el PT ha anunciado que no está conforme con la reforma electoral propuesta por la presidenta, votarla pondría en riesgo su propia supervivencia. El liderazgo de la presidenta está en jaque en momentos clave donde se requiere unidad, sobre todo interna, no dudo de la capacidad de Sheinbaum, pero ella, no es Andrés Manuel.