El PAN nunca ha sido oposición, el propio Andrés Manuel López Obrador lo sabía y jugó con eso durante todos los años de su mandato, la resistencia panista siempre ha sido poca, culposa, acusatoria, apelando a la buena conciencia, la decencia y las mejores formas, nunca han sido radicales, ni frontales por eso, aunque tuvo algunos vasos comunicantes con los llamados “cristeros” nunca fue completamente partidario de esa lucha.
El PAN más bien sabe acomodarse, en el fondo teme portarse mal, le da miedo la crítica y el qué dirán y termina quedando mal con todos, nunca confrontó realmente a los priistas hasta la llegada de Maquio, un empresario que sí tomó las cosas en serio y fue incómodo hasta su extraña muerte en 1989, antes y después de él, nadie. No por nada en estos últimos años se han aliado a sus opositores históricos y muchos panistas siguen pensando que su alianza con el PRI es no sólo útil, sino necesaria.
Así se explica por qué Morena y sus aliados tienen hoy todo el poder, no hay oposición, los partidos todos juegan, hacen algún drama, berrinche o pataleta rara vez son escuchados. La oposición real está entre los mismos que detentan el poder, igual que sucedió con el PRI, Morena se está devorando internamente, lo radical es su marca, los priistas tenían un freno, una moral suigéneris, los morenistas no la tienen, las criticas morales están reservadas para sus adversarios panistas, pero entre ellos se golpean, sangran, a veces aniquilan, la brutalidad es su marca, nadie tiene la fuerza para poner un alto, ellos mismos cuando ven sangrar profusamente a su adversario paran para no matarlo, porque aún no está su destrucción en el cálculo político, pero está latente y van contra todos, el único freno es la propia fuerza del otro. ¿Quién tiene todo el poder? ¿La presidenta? ¿El expresidente? O ¿Todavía está por verse?