El 8 de marzo pasado, las calles de todo el país se pintaron de morado y escucharon el grito de miles de mujeres que reclamaron: “Señora Presidenta, no llegamos todas”.
El lunes 10 de marzo se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo General 3/2025 del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que establece las bases para la conclusión de las funciones de la actual integración del Alto Tribunal.
Se marca así el final de una era de la Suprema Corte, en la que se consolidó como un verdadero Tribunal Constitucional. Si bien no estuvo exenta de fallas, la Corte logró estar a la altura de los retos contemporáneos y sus decisiones pudieron ser siempre objeto de escrutinio público.
La reforma judicial sustituirá a la Corte y a las mujeres juezas, magistradas y ministras sin el menor diagnóstico; sin importar el esfuerzo y sacrificio que implicó romper techos de cristal; o al menos sustituirá a las que no se plegaron a la voluntad del régimen.
Quedaron a la deriva cientos de mujeres juzgadoras que fueron cesadas de sus puestos y miles de servidoras públicas que no podrán seguir su sueño de avanzar en la carrera judicial.