La enfermedad de Alzheimer (EA), reflejada en películas como ‘El Padre’, ‘Siempre Alice’ o ‘Diario de una pasión’, se caracteriza por afectar progresivamente la memoria, habilidades cognitivas y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
El síndrome metabólico (SM) incluye obesidad abdominal, intolerancia a la glucosa, hipertensión y dislipidemias que contribuyen a un estado proinflamatorio del cuerpo y aumentan el riesgo cardiovascular. Es un indicador que nos dice qué tan saludable está nuestro corazón. Estas alteraciones incrementan significativamente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 (DT2), enfermedades cardiovasculares y demencias en donde se encuentra con mayor incidencia la EA.
Estudios epidemiológicos han encontrado que pacientes con SM tienen un riesgo mayor de desarrollar EA. Esto es evidente en personas mayores que presentan obesidad central y alteraciones en la regulación de la glucosa. La resistencia a la insulina (RI) y la desregulación del metabolismo de la glucosa en el cerebro son características comunes tanto del SM como de la EA. Esta conexión ha llevado a algunos investigadores a referirse a la EA como «diabetes tipo 3». La dislipidemia, característica del SM, afecta directamente el metabolismo cerebral al alterar la formación y eliminación de una de las proteínas que se acumula en las células del cerebro y es responsable de la EA.
En conclusión, el SM, al inducir resistencia a la insulina, inflamación crónica y estrés oxidativo, establece un ciclo vicioso que perpetúa la patogénesis de la EA. Estas conexiones han llevado a considerar el manejo del SM como una estrategia preventiva clave para reducir la incidencia y progresión de la EA.
*Psicóloga con maestría en Ciencias Biológicas, doctorado en Ciencias, posdoctorado en Ingeniería Biomédica. Directora de Entrada de la EMCS, Tec de Monterrey.