Al caer el Muro de Berlín, miles de alemanes irrumpieron en la Stasi y hallaron expedientes íntimos: desde compras de pan hasta infidelidades. El Estado lo sabía todo. ¿México tendrá un gobierno espía o uno que busca construir herramientas de inteligencia más ágiles?
Las nuevas leyes otorgan al gobierno enormes facultades. No hay ni dinero ni tecnología para espiar en tiempo real a 120 millones de mexicanos. Falta de todo: desde servidores hasta la suficiente electricidad. Por ahora, la ley es letra muerta. Waldo Fernández, de Morena, me dijo: “la narrativa de la oposición es de golpeteo político, no hay infraestructura actual para localizar a alguien en tiempo real.” El panista Elías Lixa advierte: “¡Tendremos un Gobierno Espía! Solo por tener un celular, el gobierno va a tener información tuya que no te imaginas… ¡No es seguridad, es abuso!”
¿Quién controlará el uso de esos datos? ¿Quién evitará que se espíe a la novia o al adversario político? ¿O que se vendan estos datos al narco, a secuestradores, o a cualquiera dispuesto a pagar? El gobierno siempre ha tenido nuestros datos, pero todavía no puede cruzarlos en segundos ni mapear secretos, relaciones y movimientos. Hoy no hay un gobierno espía. Hay uno que aspira a serlo. Nos toca decidir quién vigilará a quienes nos vigilan.