¿Tiene o no el poder político Claudia Sheinbaum? La duda persiste desde que emergió como sucesora natural de López Obrador. La sospecha de que fue elegida como candidata por ser políticamente la más «débil» frente a figuras como Ebrard, Monreal, López o incluso Noroña sigue vigente, impulsada por una cultura política acostumbrada a subestimar el liderazgo femenino; retratándola, quizá injustamente, como frágil o emocionalmente inestable, ignorando su sólida trayectoria como científica, ambientalista y política experimentada.
Desde su llegada al poder, Sheinbaum ha buscado demostrar su autonomía integrando académicos y expertos en sectores clave, como Agricultura, Salud y la CFE. Sin embargo, también tuvo que pagar cuotas políticas evidentes: Delgado en la SEP, Ebrard en Economía, Monreal y Adán Augusto liderando ambas cámaras, junto con Rosa Icela Rodríguez en Gobernación y Jesús Ramírez como asesor. Omar García Harfuch destaca como uno de los pocos nombramientos claramente impulsados por ella, No obstante, la presencia de personajes claramente obradoristas genera inevitables dudas sobre quién realmente influye en muchas decisiones.
La percepción de quien ejerce el poder es fundamental. Algunos creen que decisiones importantes se definen desde Palenque, donde Obrador observa y supuestamente dirige. Pero gobernar desde la distancia es inviable. La verdad es más compleja: Claudia Sheinbaum gobierna. Somos nosotros los que vamos a juzgar su desempeño. Responsabilizar únicamente a López Obrador es simplista, pero también, lamentablemente, lo es ignorar su influencia residual. Si llegara una crisis catastrófica, como una devaluación severa, un grave conflicto internacional o una nueva pandemia con consecuencias devastadoras, la responsabilidad total caería exclusivamente sobre Claudia Sheinbaum. ¿Es la sombra tan poderosa? Es el momento de dar un buen manotazo en la mesa y reafirmar con firmeza quién ejerce el mando. ¿No cree presidenta?