En tiempos donde el bienestar se vende en cápsulas, la neuronutrición busca devolverle a la ciencia su papel central. Hoy, el cerebro, ese órgano que solo pesa el 2 por ciento de nuestro cuerpo, pero consume el 20 por ciento de la energía, se ha convertido en el nuevo objetivo del mercado de suplementos. Redes sociales y marcas prometen claridad mental, energía, mejorar la plasticidad neuronal, pero pocas de esas fórmulas tienen respaldo real.
Los nutracéuticos, compuestos naturales con efectos fisiológicos específicos, representan una frontera entre la alimentación y la medicina preventiva. Ingredientes como los omega-3, los polifenoles, la vitamina B y compuestos antioxidantes han demostrado beneficios en la función cerebral, mientras que otros, como los hongos adaptógenos o los psicobióticos buscan reducir el estrés, modular el ánimo y mejorar la memoria. Sin embargo, junto a la innovación científica, coexiste la exageración comercial.
En México, esta industria crece rápidamente, impulsada por jóvenes interesados en el autocuidado, aunque la evidencia, aún, es desigual. El mensaje central permanece: la base de la salud cerebral sigue siendo la alimentación equilibrada, el descanso y la actividad física. Los nutracéuticos pueden ser nuestros aliados, pero no sustituyen un estilo de vida saludable. En la era del ‘marketing’ del bienestar, la mejor inversión no está en lo que compramos, sino en cómo elegimos vivir: con conciencia, ciencia y coherencia.
*Profesora de cátedra de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro