Amenaza a la certeza jurídica: La reciente propuesta del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para revisar sentencias firmes reabre un debate que va más allá de lo jurídico: ¿Podemos permitir que la certeza se vuelva transitoria? La cosa juzgada no es un detalle técnico; es la garantía de que un proceso tiene un final y que la vida sigue sin temer a la revisión eterna. Sin ese límite, la justicia corre el riesgo de transformarse en un espacio donde nada permanece y todo puede volver a discutirse.
Es legítimo querer corregir errores. Los distintos tipos de juicios y procedimientos que existen en nuestro país se rigen por leyes que prevén mecanismos de revisión, y en su oportunidad, agotados los medios de impugnación concluyen con una sentencia definitiva. Eso significa que el asunto ha finalizado de forma absoluta y lo decidido constituye una verdad legal que debe ser respetada.
Pero cuando la revisión deja de ser excepcional, la justicia se hace frágil. Un país sin sentencias definitivas es un país donde el ciudadano nunca está a salvo del Estado.
Hoy, podría parecer un ajuste técnico. Mañana, podría ser una herramienta para someter al que incomoda.