Hace un año, en noviembre de 2024, los ciudadanos de Estados Unidos devolvieron el poder a Donald Trump. Desde su campaña, ya se advertían cambios drásticos: un tono nacionalista, promesas de “reindustrializar América” y una política exterior basada más en la fuerza que en la diplomacia. Al asumir en enero de 2025, esas advertencias se cumplieron: se impusieron aranceles, se desató una guerra comercial y el mundo entró en una nueva era de tensión e incertidumbre.
Ni México ni Canadá se salvaron. Los nuevos aranceles afectaron el comercio regional y pusieron en riesgo la continuidad del T-MEC, cuya revisión en 2026 podría fracturarlo. Si Estados Unidos se retira, los tres países tendrían que negociar tratados bilaterales, rompiendo el marco trilateral que, durante más de tres décadas, ha sostenido la integración norteamericana.
México, que depende de su vecino para más del 80 por ciento de sus exportaciones, enfrenta, así, un escenario delicado. Aunque el gobierno ha intentado diversificar sus mercados, el vínculo con Estados Unidos sigue siendo vital. A ello, se suman las tensiones políticas y militares: las previas incursiones aéreas y la posible invasión terrestre limitada de tropas estadounidenses al país bajo el argumento de combatir al crimen organizado representan una violación directa de la soberanía nacional.
Las consecuencias pueden ser graves. En el mejor de los casos, podría lograrse un debilitamiento de los cárteles; en el peor, una nueva ola de violencia con víctimas civiles y resentimiento social. Todo ello ocurre en medio de un entorno económico marcado por la desaceleración y el estancamiento y de un clima internacional, cada vez, más hostil: regresan los ensayos nucleares y crece la rivalidad entre Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea.
El mundo se ha vuelto más impredecible, menos cooperativo y más desconfiado. En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que mostrar sus colores: romper con las políticas permisivas de su antecesor hacia el crimen organizado o proponer una estrategia firme ante la inseguridad creciente. Aunque conserva una alta aprobación pública, enfrenta una sociedad, cada vez, más frustrada por la violencia, la corrupción y la falta de crecimiento. Su capacidad para transformar esa frustración en rumbo y confianza será lo que determine si México logra resistir o se ve arrastrado por esta nueva era de volatilidad e incertidumbre. Ahora más que nunca, el país necesita ver las verdaderas intenciones y capacidades de la presidenta Sheinbaum.
* profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del TEC de Monterrey Campus Querétaro, con especialidad prospectiva y economía. [email protected]