La libertad de expresión es un derecho consustancial al concepto de democracia, pues no sólo consiste en que los ciudadanos podamos externar nuestras ideas, sino que abarca también el derecho de todos a informarnos para tomar decisiones como sociedad.
Este sábado un sector de la población se concentró en varias ciudades del país con el objetivo de expresar su descontento y hartazgo por algunos de los problemas que vivimos.
Lo relevante, al margen de quién haya convocado a la manifestación, de si hubo gente infiltrada para desvirtuar el propósito de la marcha, y de si se sumaron a ella las fuerza políticas de oposición; es que, desde el momento en que se anunció, el partido gobernante hizo todo lo que estuvo en sus manos para deslegitimar la protesta.
Lo que se reveló es que el gobierno no tiene intención de garantizar la libertad de expresión, sino de obstaculizarla si es que le resulta incómoda. El mensaje fue claro, en el “país más democrático del mundo” la única voz que puede protestar es la de ellos.
Ahora veremos si la estrategia surtió efectos y la tensión social se apaga, o si por el contrario, el sábado fue la gota que derramó el vaso.