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16 de diciembre 2025

Mario Maraboto

Desde que era Jefa de Gobierno en la Ciudad de México, la ahora presidenta dizque de todas ha utilizado en diferentes momentos y contextos la expresión “es tiempo de mujeres” para destacar la participación femenina en la vida pública.

Desde entonces, la frase se convirtió en un lema para posicionar su liderazgo como continuidad de la transformación de cuarta, pero con rostro femenino. La ha empleado para vincular discursos con políticas como la Ley Olimpia, el registro de agresores sexuales y la creación de centros de atención, lo mismo que para anunciar medidas contra la violencia de género o para transmitir que la presencia de una mujer en la presidencia representa un cambio histórico. La más reciente, el pasado sábado, en Ciudad Juárez, durante la inauguración del Centro LIBRE para Mujeres.

Sin embargo, la percepción sobre la citada frase ha generado dudas y críticas por parte de colectivos feministas que han señalado que, aunque la frase es poderosa, la implementación de políticas no siempre ha estado a la altura del discurso. Al parecer, la expresión se ha quedado en el contexto retórico, dadas las actitudes que ha tomado en algunos casos relacionados con las mujeres.

En ocasiones su reacción es de lamento o de condena, como en el caso de la maestra veracruzana Irma Hernández, pero en la mayoría de los episodios de violencia contra mujeres —tanto ciudadanas como políticas— ha sido señalada por guardar silencio o reaccionar tarde, lo que ha generado críticas sobre la coherencia entre su discurso de sororidad y sus respuestas concretas, es decir, ejerce un silencio selectivo.

Ejemplos de ello son el que no se pronunció de inmediato ante agresiones y amenazas contra madres buscadoras, sino hasta que sintió la presión mediática; y en situaciones de violencia política contra mujeres, su postura ha sido percibida como ambigua o silenciosa, especialmente cuando involucra figuras aliadas o conflictos internos.

Públicamente se ha cuestionado la coherencia entre su discurso pro mujer y decisiones o apoyos políticos que contradicen la idea de sororidad, calificando su postura como “falsa sororidad”.  Y en ciertos asuntos internacionales y políticos, su silencio o respuestas evasivas han generado críticas por esa falta de sororidad.

El ejemplo más reciente es su actitud ante María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025. En su conferencia del 10 de octubre evitó pronunciarse sobre la figura de la galardonada o sobre el Premio Nobel con un simple “sin comentarios”, reiterado cuando Machado recibió el galardón: “La última vez dije sin comentarios y sigo diciendo sin comentarios”.

Con un pensamiento más ideológico que solidario, y actitudes de silencio o de reacción tardía, la presidenta pone de manifiesto su incongruencia en el discurso del tiempo de mujeres, frase que sólo le funciona como lema político y reivindicativo.

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