En noviembre de 2024, Trump nos volvió a enseñar una lección política: ganar y ganar, después de haber logrado su segundo mandato no consecutivo de la presidencia de los Estados Unidos de América – un ‘comeback’ histórico –.
Trump celebró su primer aniversario presidencial con la captura de Nicolás Maduro, durante la madrugada del pasado 3 de enero de 2026, lo cual ha puesto en duda la eficacia democrática del derecho internacional público a partir de las intervenciones militares que atentan contra las soberanías estatales.
Sin embargo, si partimos desde la eficacia jurídica de cómo opera el poder político, el derecho internacional público puede manejarse como herramienta esencial para justificar la aprehensión de Maduro, en donde la apariencia ilegal se convierte en vestimenta legal en torno a enjuiciar al expresidente venezolano por algún tribunal externo que no tenga presión alguna para pronunciarse respecto de los delitos de narcotráfico que se le acusan.
Más allá del diseño normativo, nos encontramos con la óptica del poder “trumpista”, siendo una visión de Michel Foucault y que interpreto de la siguiente manera: El poder no solo se manifiesta a través del derecho, debido a que su real ejercicio reside en la acción de contemplar otras circunstancias y distintos actores invisibles. No hay buenos ni malos – sin versiones maniqueas –, sino lo que existe es ganar para consolidar o reivindicar hegemonías.
Por supuesto que Trump ha ejercido su poder contra Maduro para atacar los intereses comerciales y políticos de Xi Jinping, así como también para lanzar una advertencia cautelosa a Vladimir Putin, en donde confirmo que estos líderes continúan dibujando un mapa político alrededor de erosiones democráticas y surgimiento de nuevas experiencias autoritarias.
* Profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.