El 109 aniversario de la Constitución de 1917 que se celebró el pasado 5 de febrero, no fue más que una triste ironía, en un tiempo en que el respeto a la constitución se da únicamente en el discurso.
Antes del evento se captó a dos personas limpiando los zapatos de Hugo Aguilar. Luego, el Presidente de la Corte celebró que la Constitución ha recuperado su vocación democrática y que la reforma judicial otorgó legitimidad social a los juzgadores.
Difícilmente se puede hablar de constitución democrática, con un Congreso dominado por una mayoría artificial que la modifica a su antojo; con reformas ilegítimas que contrarían sus principios más elementales; y con una Suprema Corte que claudicó en su papel como órgano defensor de esa Constitución.
La supuesta legitimación social del “nuevo Poder Judicial” se basa en una elección fraudulenta, que desechó un capital humano invaluable y lo reemplazó por personas sin preparación y sin sentido del servicio público, que ya causan más problemas de los que prometieron resolver.
El regalo de cumpleaños de la Constitución es un discurso que se estrella brutalmente contra la realidad y un penoso incidente con los zapatos del Presidente de la Corte.