En la Librería Quijote, entre vitrinas de medallas, sables del Segundo Imperio y conferencias que enaltecen a sus difuntos esposos, tres espectros rondan invisibles: Concepción, Agustina y Carlota.
Mientras el público comenta fusilamientos y traiciones, ellas reclaman su lugar. Concepción protesta: “Mamá Conchita, como si no hubiera sido esposa de Miramón.” Agustina recuerda con amargura: “Ni una placa por velar el cadáver de Tomás.”
Carlota se indigna al descubrir retratos suyos de muerta: “¿Me espiaron hasta en mi lecho?” Entre celos, suspiran: “¿Q.D.E.P? Ellos descansan en paz, nosotras seguimos flotando, en espera de que nos nombren.”
Huyen de la solemnidad y se refugian en la cafetería de Gaby y Carlos, donde un café humeante de Chiapas las consuela. Carlota levanta la taza con recelo: “¿Y si está envenenado?”
Finalmente se encoge de hombros: “La ventaja de estar muerta … es que ya no importa.” Antes de desvanecerse, lanzan su advertencia: si el próximo año no se dedica el ciclo a las mujeres del Imperio, rondarán la librería para siempre.
La exhibición continúa hasta el 13 de marzo, con conferencias cada jueves y viernes en Venustiano Carranza #44.