Por fin se habla de una iniciativa que va más allá del discurso y toca una mala práctica de la política mexicana: el nepotismo. Edgar Inzunza y Morena buscan alinear la legislación local con la reforma constitucional federal de marzo de 2025, prohibiendo que hijos, cónyuges, padres y hermanos de funcionarios ocupen cargos de elección popular de manera consecutiva. Es un paso concreto hacia la meritocracia y la profesionalización de la función pública. En un estado donde la continuidad familiar en los procesos electorales ha sido práctica común, esta propuesta (con “adhesiones” locales) fortalece la identidad democrática y responde a una demanda ciudadana que trasciende colores partidistas.
LO MALO
La iniciativa llega tarde y con fecha de caducidad lejana. La reforma federal ya existe desde abril de 2025; ahora solo se copia y se adapta para aplicarse hasta el 2030. Mientras tanto, en los ayuntamientos y el Congreso local siguen operando redes familiares sin que nadie las toque. Anunciarla ahora, a un años de las elecciones de 2027 y casi cuatro de 2030, suena más a posicionamiento político que a urgencia ética. Es correcto el diagnóstico, pero la operación se posterga justo cuando Morena podría necesitarlo para sí misma en el futuro inmediato. Pareciera que aún pesa el aplicar la medida de forma inmediata, por lo que aplazarla al 2030 es un respiro para quienes puedan “acomodarse” en las boletas del 27.
LO PEOR
Lo más preocupante es el doble discurso que acompaña el anuncio. El mismo diputado celebra la salida de María Luisa Alcalde de la dirigencia nacional de Morena como “buen trabajo” y en el “momento adecuado” porque ahora va a la administración federal de Claudia Sheinbaum. Es decir, se aplaude el ascenso de una dirigente hacia el poder central mientras se legisla en contra de que los familiares suban en lo local. Esa contradicción revela el riesgo real: la iniciativa puede convertirse en un arma selectiva contra la oposición en Querétaro, pero no en una regla de oro que aplique por igual a todos, incluido el propio partido. El nepotismo no se combate con iniciativas que entran en vigor cuando ya cambió el tablero; se combate con coherencia. Hoy, Morena ofrece solo la primera mitad. En resumen, la propuesta es necesaria. Pero mientras llegue envuelta en oportunismo y excepciones propias, seguirá siendo más foto que transformación. Se requieren menos fuegos artificiales retóricos y más reglas que nadie pueda saltarse.