LO BUENO
El arranque del proceso interno de Morena para definir quién coordinará la defensa de la Cuarta Transformación en Querétaro rumbo a 2027 muestra un partido con músculo, pero también con contradicciones que conviene observar con atención. La alta participación de aspirantes (Luis Humberto Fernández, Santiago Nieto, Beatriz Robles, Ricardo Astudillo -del PVEM- y otros) es una señal de vitalidad real. Que un partido convoque a más de media docena de perfiles con trayectoria legislativa y territorial, y que además incorpore a sus aliados del Verde, demuestra que existe una cantera de cuadros dispuestos a someterse a una encuesta. La disposición declarada de varios aspirantes a aceptar el resultado y mantener la unidad posterior es, en el contexto de la izquierda mexicana, un avance institucional notable. Además, la mención explícita a que entre los seis finalistas haya paridad de género abre, al menos en el discurso, la posibilidad real de una posible candidata mujer fuerte.
LO MALO
El requisito de solicitar licencia para participar genera un costo innecesario para la gobernabilidad local. El caso de Arturo Maximiliano es el más claro, el coordinador del grupo legislativo de Morena en el Congreso de Querétaro tiene pendientes concretos y relevantes (seguridad vial, bienestar animal, reforma electoral) y reconoce que competir le impediría concluirlos. Obligar a los legisladores a elegir entre su mandato actual y su aspiración futura podría debilitar a los perfiles al dejar agendas importantes en suspenso. Es un diseño que premia la ambición personal por encima de la responsabilidad institucional.
LO PEOR
Lo más preocupante es el tono de superioridad que sostienen algunos perfiles con sus declaraciones. Afirmar que Morena tiene “muchísimos mejores cuadros” que el PAN no es un análisis, es un acto de autosatisfacción que suele preceder a errores electorales. Esa misma autocomplacencia se refleja en la mecánica del proceso; el partido “filtrará” los perfiles antes de la encuesta. Cuando un proceso interno se presenta como abierto y participativo, pero en realidad está sujeto a un control previo de la dirigencia nacional, el riesgo no es solo de simulación, sino de que el verdadero debate de ideas quede sustituido por una competencia de lealtades. En Querétaro, donde la 4T aún no ha ganado la gubernatura, ni las alcaldías más importantes, esa combinación de arrogancia retórica y control cupular puede resultar más costosa de lo que sus protagonistas imaginan.