Mtro. Alan Fernando Martínez Reyes/25 lecciones para el futuro
Cuando hablamos de desarrollo, solemos pensar en crecimiento económico. Sin embargo, una sociedad no se mide solo por cuánto crece, sino por cómo incluye a todos los sectores de la población.
El Plan Querétaro 2050 coloca la inclusión social como una condición central para construir una sociedad justa y próspera. Los datos muestran por qué es urgente. La población indígena y hablante de lengua indígena enfrenta rezagos importantes en distintas áreas desde las más básicas; en México, solo alrededor del 40% de las personas con discapacidad en edad laboral tiene empleo; y la carga de cuidados no remunerados recae mayoritariamente en mujeres, lo que limita su participación económica y profundiza brechas salariales.
De cara a 2050, el reto es mayor. El Plan advierte riesgos como el encarecimiento del costo de vida y el deterioro del tejido social. Por eso plantea metas concretas: reducir la pobreza a menos del 10% y alcanzar un ingreso promedio equivalente a tres salarios mínimos, sin brecha salarial de género.
Pero los especialistas fueron claros: no basta con promedios. El crecimiento puede ocultar desigualdad. Hablar de inclusión es hablar de movilidad social: que las próximas generaciones vivan mejor que las actuales.
Incluir no es un acto de buena voluntad; es una decisión estratégica. Porque una sociedad que excluye se estanca. Una que incluye, avanza.