A los que hemos seguido la carrera de Bruce Springsteen, se nos hace extraño un álbum en particular. Uno que rompe por completo esa postura colorida lograda con trabajos como Born to Run (1975) o The River (1980), con la extraordinaria participación de la legendaria E Street Band. En 1982, salió al mercado un disco sombrío, con una grabación sucia, con un eco raro y sin la participación de la banda. Solamente Springsteen con su guitarra y harmónica para cantarnos temas muy pesimistas, llenos de culpa y nostalgia familiar. Y de esto va la película, explicar lo que pasó en ese periodo comprendido entre la culminación de la gira de 1981 y la publicación del álbum Nebraska (1982). Scott Cooper, gran admirador de “El Jefe”, dirige una película sobria, elegante, estupendamente fotografiada por el japonés Masanobu Takayangi, constante colaborador del director.
La narrativa nos lleva a esos meses de depresión y detalla la profunda relación de Springsteen (Jeremy Allen White) con su representante, Jon Landau (estupendo Jeremy Strong) quien no entiende lo que le pasa a su amigo, pero lo apoya para que grabe de manera artesanal los temas del álbum y además que salgan al mercado con ese toque personal, de un hombre que está desecho por dentro y que es incapaz de externar lo que siente hasta que lo lleva a un plano musical. Influenciado por cintas como Badlands (Terrence Malick, 1973) y The Night of the Hunter (Charles Laughton, 1955) y novelas de Flannery O’Connor, Springsteen va construyendo un disco melancólico, obscuro y lleno de recuerdos familiares. Curioso fue que, en esos días, también grabara “Born in the USA”, uno de sus himnos más conocidos. Cooper, que ya había rodado algo similar en 2009 con Crazy Heart, nos demuestra que sigue siendo capaz de retratar a un icono del rock en un impasse terrible. Fabulosas son las secuencias de “El Jefe” tocando en el famoso “The Stone Pony” de su natal Ausbury Park en Nueva Jersey. Disponible en Apple TV y muy recomendable.