En Querétaro se confunde gobernar con aparecer. El municipio presume cercanía, videos y festivales, pero el presupuesto tiene otra cara: millones para comunicación social y servicios oficiales, mientras la seguridad recibe aumentos que apenas alcanzan para la foto.
El contraste es insultante. La gente ve a la inseguridad como una gran preocupación, por ello, es imperdonable que el dinero fluya con tanta facilidad hacia la propaganda y con tanta timidez hacia patrullaje, alumbrado, prevención y recuperación de espacios públicos.
No es malo informar; lo inaceptable es gastar como si la prioridad fuera cuidar la imagen del alcalde y no a la ciudadanía. Cuando la publicidad no se traduce en resultados, deja de ser comunicación y empieza a oler a simulación.
Querétaro necesita menos espectáculo y más gobierno. Es urgente recortar gasto propagandístico, transparentar contratos de comunicación, auditar servicios oficiales y crear un fondo barrial de seguridad. Una ciudad segura no se construye con spots: se construye con presupuesto y resultados.
P.D.
Se autorizó este año 395 millones de pesos para publicidad del alcalde, y para seguridad ciudadana menos de un millón de incremento; de ese nivel las prioridades.