Durante mi segundo informe legislativo, presentado el pasado 20 de junio en el Jardín Guerrero, tuve la oportunidad de compartir con miles de queretanas y queretanos una convicción profunda: Querétaro no puede quedarse al margen de la transformación que vive nuestro país.
Estoy convencida de que la política debe servir para transformar la vida de las personas, para dignificar lo público y para poner siempre por delante el bienestar del pueblo. Por eso reiteré el llamado a no permitir que los negocios privados se sigan haciendo al amparo del poder político, porque nuestro estado tiene la madurez, la historia y la fuerza social para construir un destino distinto.
Desde 2018, con el liderazgo del presidente Andrés Manuel López Obrador, México emprendió un camino de justicia social, honestidad y bienestar. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum da continuidad a ese proyecto con visión y compromiso, fortaleciendo derechos, ampliando programas sociales y construyendo un país más justo para todas y todos.
En ese contexto, Querétaro tiene una misión histórica. Aquí nació la Constitución que dio forma al México moderno, y aquí también debe abrirse paso una nueva etapa de transformación. Porque no se trata de colores ni de intereses particulares: se trata de garantizar derechos, de reducir la desigualdad y de construir un estado más humano, más justo y más cercano a su gente.