¿Quién no ha sentido que cada vez es más difícil encontrar vivienda bien ubicada en Querétaro? Cada vez hay casas más lejos del centro, traslados más prolongados y servicios que tardan en llegar.
El desarrollo urbano no puede atenderse cuando el problema ya nos rebasó; debe anticiparse.
Por eso, en el Consejo Querétaro para la Planeación Estratégica dialogamos con especialistas sobre el futuro urbano. Entre 2000 y 2020, la superficie urbana creció 61 por ciento, mientras la densidad en la Zona Metropolitana cayó de 82 habitantes por hectárea en 1970 a 57 en 2020.
El Plan estima que en 25 años se requerirá construir más de 300 mil viviendas adicionales, solo para mantener la cobertura actual, no para resolver al 100 por ciento la necesidad habitacional. La pregunta es inevitable:
¿Queremos seguir construyendo hacia afuera, ocupando cerros, tierras productivas y zonas cada vez más lejanas? ¿O queremos apostar por un modelo más vertical, compacto y cercano, con servicios, transporte, parques y banquetas seguras?
Un ejemplo es Singapur, lugar en que la vivienda vertical no se concibió como torres aisladas, sino como barrios completos que incorporan escuelas, parques, comercio, transporte público y centros comunitarios.
No se trata de juzgar un modelo contra otro, sino de reflexionar que el crecimiento urbano debe decidirse cómo hacerlo, porque el Querétaro del futuro no solo dependerá de cuántas viviendas construyamos, sino de dónde, cómo y para quién las construimos.