Seguramente tienes la certeza de que, el 5 de julio, México perdió contra Inglaterra. La tristeza, el desaliento y hasta una cruda te dicen que perdimos en el mundial. Es cierto: Perdimos. Sin embargo, ¡ganamos!
Le selección mexicana perdió en la Copa del Mundo, pero México ganó. Por 40 días nos olvidamos que estamos divididos en fifís y chairos, en pobres y ricos, en mirreyes y godines, en cuatroteístas y oposición.
Durante 40 días, vimos que nos llevamos a toda madre. Que podemos tolerar nuestras diferencias. Que podemos jalar todos hacia el mismo lado. Durante 40 días fuimos un equipo. Queríamos lo mismo. Hicimos volar al mundo (literal).
Es un hecho que seguiremos teniendo visiones y costumbres diferentes, pero ¿y si le damos más fuerza al común denominador?, ¿y si potenciamos los factores que nos unen?
Comencemos por entendernos heterogéneos, por aceptar nuestras diferencias y por desear el bien común. Ya vimos que el deporte puede ser un camino. Identifiquemos metas y encontremos en base a los valores de unidad, el camino para que todos lleguen al objetivo. Suena utópico, pero si en un gol del Tri todos nos abrazamos, ¿por qué no generar esto en otros ámbitos?
Estoy dispuesto a predicar con el ejemplo, siempre y cuando los aficionados de Pumas y Fernández Noroña se bañen.