Todos erramos. Todos tenemos el lapsus brutus pero no por ello merecemos involucrarnos en un siniestro, ya sea como víctimas o como causantes. Como individuos, debemos usar responsablemente cualquier sustancia, herramienta o vehículo peligroso para no incurrir en daños a terceros; pero nuestro gobierno tiene responsabilidades mayores. En el caso de la seguridad vial, es el asegurar que cualquier error humano resulte en cero muertes. No es idea nueva, radical o imposible, sino una política pública aplicada con éxito en otras partes: la visión cero.