Muchas cosas han pasado desde que, el 8 de marzo de 1857, cientos de mujeres que trabajaban en la industria textil, en Nueva York, Estados Unidos, organizaron una huelga, para exigir salarios más justos y condiciones laborales más humanas.
Esta huelga que, en su momento, fue repudiada por diversos sectores sociales y reprimido por la policía, fue una de las muchas semillas que dieron paso a un movimiento reivindicatorio por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
Por ello, en todo el mundo, cada 8 de marzo, conmemoramos “El Día Internacional de la Mujer”, que no es otra cosa, que un recordatorio de esa lucha de millones de mujeres por la igualdad, el reconocimiento y ejercicio efectivo de sus derechos, sin importar fronteras y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas. En este día, las mujeres nos unimos en la vigente búsqueda de la igualdad de género.
Mucho hemos avanzado en estos 166 años, mucho nos queda aún por hacer. Si bien se trata de una lucha universal, en donde los foros multilaterales han sido escenarios relevantes para construir objetivos comunes, ante la enorme diversidad de pensamientos, de culturas y realidades, también debemos entender que la mayor conquista de derechos y los retos más urgentes, se dan en lo local.
En México hemos tenido avances importantes, desde que, en 1953, se logró, el derecho de la mujer mexicana de votar y se votada a cargos de elección popular, hasta la reforma constitucional, de 2019, que estableció la paridad de género para todos los cargos públicos en nuestro país.
Como refiere la CEPAL, en México, el compromiso con la igualdad de género está plasmado en distintas políticas públicas, las cuales contribuyen directamente al logro de las metas internacionales, por ejemplo: leyes en materia de igualdad y no discriminación; buscar una vida libre de violencia; reconocer el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado; garantizar la igualdad laboral; garantizar el ejercicio de los derechos sexuales, y, la ya referida, participación paritaria de las mujeres en lo público.
Hemos avanzado, cierto, pero aún nos falta mucho para lograr esa igualdad sustantiva, esa que es de verdad.
El objetivo, es una transformación cultural, que la sociedad vea y entienda que, hombres y mujeres, tenemos los mismos derechos, sin necesidad de que lo diga una ley, o de que el gobierno tenga que tomar acciones afirmativas que la garanticen.
Como madres y padres, tenemos la obligación de formar hijas e hijos conscientes de esta igualdad, de que la mujer y el hombre, es verdad, tenemos diferencias, pero tenemos los mismos derechos, el mismo valor, la misma responsabilidad en construir una sociedad feliz, justa y equitativa.