En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no les dejaban tiempo ni para comer. Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Reflexión
Como ovejas sin pastor
Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt
En la primera lectura de hoy (Jeremías. 23, 1-6), el profeta Jeremías alza su voz contra los malos pastores, que no supieron cuidar el rebaño de Yahvé. La incapacidad de los últimos reyes y los abusos de los dirigentes políticos del pueblo Israel fueron la causa de las deportaciones a Babilonia.
Por eso, Dios promete volver a reunir de nuevo a su pueblo, Pero bajo otros pastores que sean dignos de su confianza. Es el anuncio de los tiempos mesiánicos, en los que aparece el verdadero y Buen Pastor, Jesucristo. De ello habla el Evangelio de hoy: “Al desembarcar, Jesús vio una multitud, y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor…”.
Una oveja sin pastor no es una oveja libre, aunque parezca, sino que es una oveja descarriada y perdida. Va errando por los montes sin saber adonde ir, y está expuesta al asalto de cualquier enemigo ¡Pensemos en la parábola de la oveja perdida! También, los hombres, para ser verdaderamente libres, necesitamos a un pastor que oriente nuestros pasos, que ilumine nuestras mentes. Porque la libertad humana es una libertad atada y solo puede realizarse cuando el hombre escucha y responde a una llamada.
Necesitamos a un pastor que nos llame. Pero, ¿quién será ese pastor? ¿Acaso será otro hombre? No, porque solo Dios puede ponerse delante del hombre. Por eso, dice el Señor, después de condenar a los falsos pastores de Israel: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas”. Jesús es el Dios con nosotros. Jesús está delante de nosotros, el único pastor, el Buen Pastor que reúne a las ovejas descarriadas y perdidas.
Por eso, en el Evangelio de hoy, Jesús se compadece de la gente, al ver que andan desorientados, como ovejas sin pastor. Él ve la miseria espiritual del pueblo: por eso, comienza a enseñarle. El milagro que hará en seguida y en ese mismo lugar, la multiplicación del pan, será la señal de su inmenso amor de pastor. También hoy en día mucha gente anda desorientada, también hoy en día muchos caminan por el mundo como ovejas sin pastor. Parece que cada vez tenemos más problemas y menos soluciones:
o ¿Qué debemos hacer?
o ¿Qué debemos creer?
o ¿En quién podemos confiar?
Antes, todo era más simple, más claro y definido. Las verdades de la fe y de la religión parecían inmutables. Pero ahora todo es más complejo y enredado. Ahora todo se mueve, todo se cuestiona, todo se pone en duda, y eso a muchos les produce incertidumbre y hasta angustia, porque no están acostumbrados a vivir bajo la influencia de tantas opiniones y tan contradictorias.
Pero esto es muy peligroso para la verdadera libertad, porque el miedo y la angustia fácilmente nos llevan a someternos incondicionalmente a otros hombres. No hay peor desorientación para el ser humano que la de ser oveja de otro hombre. Muchos países han experimentado esto larga y dolorosamente. Conviene distinguir claramente entre la “libertad de” y la “libertad para”, porque hay una LIBERTAD DE los prejuicios, los intereses egoístas, las ideologías, los falsos pastores… y otra LIBERTAD PARA buscar la verdad, para amar al prójimo, para hacer la justicia, para seguir al Buen Pastor…
La primera es la libertad del NO; la segunda es la libertad del SÍ, pero solo es verdaderamente libre el que es libre para decir sí. El hombre solo es absolutamente libre para el Absoluto, para Dios.