En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús, este y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.
Había, allí, seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: “Llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces, les dijo: “Saquen, ahora, un poco y llévenselo al mayordomo”.
Así lo hicieron y, en cuanto el mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia porque solo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve, primero, el vino mejor y, cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”.
Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea fue la primera de sus señales milagrosas. Así, mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Reflexión
María nos conduce a Jesús
Por Padre Nicolás Schwizer
Introducción. Hoy, vamos a reflexionar sobre el hecho de que María nos conduce a Jesús. Es una confirmación de la de la expresión tradicional y conocida: «Por María, a Jesús».
¿María le hace competencia a Cristo? Si queremos entrar en este tema, tenemos que responder, primero, a algunos temores, algunas críticas frente a la piedad mariana: muchos temen que María aparte de Cristo, le haga competencia, se coloque como pantalla entre Dios y nosotros.
En el origen de ese temor, suelen encontrarse experiencias negativas, provocadas por prácticas desviadas de piedad Mariana o también enfoques falsos sobre la persona de María. Pero tales temores no corresponden a la realidad querida por Dios y proclamada por la Iglesia en su vida y en su doctrina.
Haced lo que Él os diga. Escuchemos una palabra de Juan Pablo II sobre ello: «María estuvo, de verdad, unida a Jesús. No se han conservado, en el Evangelio, muchas palabras suyas; pero las que han quedado nos llevan, de nuevo, a su Hijo y a su palabra. En Caná de Galilea, se dirigió a los sirvientes con estas palabras: ‘Hagan lo que él os diga’. Este mismo mensaje sigue diciéndonos hoy».
Haced lo que Él os diga son las últimas palabras de la Virgen conservadas en el Evangelio. Son, por eso, como el testamento de Ella y, más que a los sirvientes de la boda, son palabras dirigidas a los hombres de todos los tiempos. Contienen todo el anhelo, la vivencia y la misión de María: conducirnos a la identificación con Cristo.
María está en el centro. Sabemos todos: María no es el centro de nuestra fe, no es la razón verdadera de nuestra confianza, no es el último fin de nuestro amor, sino Jesucristo y, con Él, el Dios Trino.
Pero sentimos que Ella forma parte de los misterios centrales de nuestra fe. María, sin ser el centro, está en el centro.
Sentimos que María, por su posición única en la historia general de la salvación, también tiene una posición peculiar en nuestra historia personal de salvación.
El camino normal. Podemos decir, por eso, que María es, para nosotros, el camino normal hacia Jesucristo. Ya los Padres de la Iglesia dijeron: «El camino por el que Cristo llegó al hombre debe ser también el camino por el que nosotros lleguemos a Cristo y Cristo vino a nosotros por medio de la Virgen».
Cuando, por eso, le damos a María un lugar privilegiado en nuestros corazones y nos confiamos a su educación, entonces, estamos en el camino hacia su Hijo; entonces, Ella nos conduce hacia Cristo y el Dios Trino.
El camino más fácil, más corto, más seguro. María no solo es el camino normal hacia Cristo. Ella es, según una palabra del papa san Pío X, también el camino más fácil, más corto, más seguro hacia Cristo.