Las pulsaciones en la mejilla se manifiestan con un movimiento leve de la quijada. “Rompí más hueso del que creía”, dijo mi dentista antes de indicarme una serie de cuidados, principalmente, la restricción de cafeína. Anoche, apenas pude dormir y, a las 9:27, la carga de trabajo anticipa una jornada larga por la que transitaré medio despierto y completamente adolorido.
“Como un dolor de muelas aliviado…”, escucho en la radio como si se tratara de un chiste al tiempo que señalo ajustes en algunos documentos. El dolor agudo persiste. Estoy tentado a solicitar permiso para ausentarme si las molestias se intensifican. Luego de la canción, inicia el noticiero. “Solo unas horas más”, pienso mientras me alegra haber sobrevivido hasta la 13:00 horas. ¿Podré calcular las pulsaciones que restan hasta la hora de salida? Divago en esas reflexiones cuando regresa el material sin las correcciones. Necesito ese permiso.
De nuevo, la radio captura mi atención. La crónica de un bombardeo en un país desértico de Oriente es acompañada por el llanto de una niña que se escucha de fondo, un huérfano más. Ojalá, corrigiera el mundo en lugar de archivos. Sin alivio, mi dolor cesa.