LO BUENO
El proyecto hídrico El Batán, Agua Para Todos representa una iniciativa ambiciosa y necesaria para garantizar el abastecimiento de agua en Querétaro durante las próximas tres décadas. En un contexto de cambio climático y creciente presión sobre los recursos hídricos, planificar a largo plazo es un acierto. La inversión de 35 mil millones de pesos, aunque significativa, refleja la magnitud del desafío y la urgencia de soluciones estructurales. Si se ejecuta con transparencia y eficiencia, este proyecto podría convertirse en un modelo de gestión hídrica sostenible, beneficiando a generaciones futuras y fortaleciendo el desarrollo económico y social de la región.
LO MALO
La viabilidad del proyecto depende de un proceso legislativo que, aunque parece encaminado en Comisiones Unidas, enfrenta un pleno donde la negociación política será determinante. La necesidad de alinear a partidos como PRI, PVEM, MC y, especialmente, Morena evidencia una fragmentación que podría condicionar la aprobación a intereses partidistas más que a criterios técnicos o de bien común. Esta dinámica pone en riesgo la pureza de un proyecto que debería trascender colores políticos, ya que el acceso al agua es un derecho universal, no una moneda de cambio.
LO PEOR
Lo más preocupante es que una decisión de esta envergadura, con un impacto de 50 años y una inversión multimillonaria, quede atrapada en un juego de negociaciones donde los intereses de corto plazo de los partidos (las elecciones del 2027) podrían prevalecer sobre el beneficio colectivo. La necesidad de asegurar cuatro votos de Morena, en un contexto de polarización política, abre la puerta a posibles componendas o diluciones del proyecto original. Si no se prioriza la transparencia y la participación ciudadana en el proceso, El Batán, Agua Para Todos podría perder legitimidad y generar desconfianza.