El 25 de marzo, la selección iraní de futbol aseguró su participación en la próxima Copa del Mundo a celebrarse en México, Canadá y Estados Unidos. Meses más tarde, Washington confirmaba un ataque a tres instalaciones nucleares del país islámico.
Cuando escucho la noticia, es inevitable descubrir una tensión escondida tras los abundantes chistes y memes de las redes sociales. Resurge el miedo frente a otra escalada de violencia en Oriente Medio, ahora, con posibles repercusiones en esta parte del mundo. Salgo de la casa con ese y otros pensamientos. Hace dos días que no para de llover y, justo cuando piso la calle, aumenta la intensidad. Luego de encender el coche, activo los limpiaparabrisas o eso pretendo, por más que muevo la palanca, ninguno reacciona. Otra preocupación.
Entro a casa molesto por el cambio de planes. Antes de hoy, ni siquiera me planteaba la posibilidad de que tal avería pudiera ocurrir. Es difícil creer que, en esa noche de marzo, algún seleccionado persa imaginara la posibilidad de no presentarse en tierras americanas para la justa mundialista. Las certezas, lo entiendo ahora, pueden ser tan frágiles como el mecanismo de los limpiaparabrisas.