Ha comenzado la temporada con más festividades del año. Varias de estas fechas tienen como intención la reflexión y la cercanía familiar. Sin embargo, también escuchamos que en estas celebraciones suceden muchos desencuentros familiares, malas experiencias e historias de lágrimas, alcohol, pleitos o soledad. ¿Importa más la intención o el festejo?
La apertura cultural nos ha hecho comprender y respetar que el modelo suizo de fiestas en casa difiere del italiano, del cubano o del mexicano. Desde el horario permitido, el volumen de música y hasta los ruidos provocados por hablar o bailar. Así como las diferencias culturales, cada persona define cómo termina un buen festejo: a carcajadas, a golpes o alcoholizado.
Claro que una fiesta puede terminar mal si se contrapone la intención o la forma de festejar, sumado a otros problemas sin resolver o por la falta de respeto y comprensión.
Sea como le guste festejar, es buen momento de contar a sus seres queridos su sentir y escuchar las diferencias que nos enriquecen. Aproveche la vida, encuentre con quién festejar como le guste y también disfrute las diferencias. ¿Usted qué opina?