El precio del Brent Crude ha vuelto al centro de la conversación económica global. Después de meses de estabilidad, el barril mostró volatilidad impulsado por tensiones en Medio Oriente. El estrecho de Ormuz, por donde pasa el crudo mundial, quedó paralizado y los mercados entraron en pánico.
Cuando el barril sube, se encarecen el transporte, la energía y las cadenas productivas. Cuando baja, presiona las finanzas de los países exportadores como México.
Para México, el petróleo sigue siendo un arma de doble filo. Aunque la economía se ha diversificado, el precio del crudo aún influye en ingresos públicos, tipo de cambio y expectativas de crecimiento. La Mezcla Mexicana venía cotizando en 60 dólares y llegó a rozar los 84. El Gobierno proyectaba 55 dólares para todo el año. Entonces, el excedente ya es real.
Para Querétaro, el riesgo es la incertidumbre. Cuando hay volatilidad geopolítica, el capital se pausa y las inversiones se posponen. En un estado que compite por manufactura avanzada, eso se siente.
El sistema económico actual aún se mueve al ritmo del petróleo. El petróleo caro es temporal, pero las decisiones que se toman cuando hay margen, no.