Lejos de tener tintes políticos, la final del Clásico Mundial de Béisbol entre Estados Unidos y Venezuela que vio a este último ser campeón de la edición 2026, es una muestra más de la internacionalización del deporte, dicen, “el rey de los deportes”. Un ejemplo de cómo se puede hacer crecer una liga, simplemente es la transformación de un negocio que cada vez es más seguido o visto en el orbe.
En la década de los 90, al ex comisionado de la NBA, David Stern (QEPD), se le ocurrió que su liga podría tener mejores alcances de negocio para vender más, llevando a los mejores jugadores de la época para ser protagonistas en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el famoso “Dream Team”, eso y los partidos en diferentes partes del mundo, fue un impulso que dio dividendos importantes a ese organismo deportivo. La NFL ni se diga con llevar partidos, cada vez más, a otras latitudes fuera de los Estados Unidos.
La Fórmula 1 que recorre todo el mundo es una fiesta en cuatro de los cinco continentes. La “Champions League” puso la muestra desde hace muchos años. Ahora le toca al béisbol, ciertamente tiene un gran arraigo en algunos países latinoamericanos, en Japón y otros países asiáticos, pero en Europa ni campos hay, es muy difícil encontrarlos.
En el recientemente terminado clásico mundial de béisbol, vimos a equipos de Gran Bretaña, Italia, Israel, Países Bajos, Chequia, en fin, países principalmente futboleros. Le doy un dato, este 2026, la audiencia del partido de fase de grupos entre Estados Unidos y Gran Bretaña registró un aumento del 101% con respecto al 2023.
Ya del duelo final ni hablamos, los ingresos por derechos de televisión siguen siendo millonarios y la “merch”, supera las ventas en todos lados, un impacto financiero que reparte a todos los equipos y a lo organizadores, incluyendo al principal proveedor de los jugadores, la “Major League Baseball”, tiene un exitoso futuro.
Mientras en México seguimos con nuestra liguita Mx, que ni siembra, ni cosecha. Son puras reflexiones.