El cierre del registro de los 10 aspirantes a la coordinación estatal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Querétaro deja ver, con crudeza, el estado actual del movimiento en una de las entidades más difíciles para la 4T. El ejercicio interno, lejos de ser un mero trámite, funciona como un termómetro de fortalezas y, sobre todo, de las grietas que aún persisten.
LO BUENO
El proceso tuvo, al menos en su fase de registro, un ejercicio relativamente abierto y plural. Diez perfiles distintos, desde exfuncionarios de alto nivel como Santiago Nieto hasta militantes de base, pasando por una alcaldesa en funciones (Astrid Ortega), un diputado del PVEM (Ricardo Astudillo) y figuras con trayectoria académica como Gilberto Herrera, reflejan una diversidad que no siempre se ve en otros estados. Destaca la presencia de tres mujeres. Además, el hecho de que el proceso se realice de manera coordinada con PT y PVEM, aunque imperfecto, obliga a la alianza a construirse desde ahora y no solo en campaña. En un estado donde Morena ha tenido dificultades históricas para consolidarse, esta pluralidad inicial puede interpretarse como un intento genuino de ampliar la base.
LO MALO
Sin embargo, el ejercicio revela varias debilidades estructurales. La mayoría de los perfiles con mayor proyección (Beatriz Robles, Gilberto Herrera y Luis Humberto Fernández) debieron pedir licencia de sus cargos públicos para participar, lo que genera un costo político y operativo innecesario ante la lejanía del proceso electoral. Además, varios nombres arrastran cuestionamientos previos que no se han resuelto del todo: la residencia de Luis Humberto Fernández, el pasado controvertido de Santiago Nieto en la UIF o la percepción de que algunos perfiles son más “operadores” que líderes con capacidad de convocatoria amplia. El proceso también muestra una fragmentación evidente: diez aspirantes para un solo puesto de coordinación es demasiado. Esto puede derivar en una contienda desgastante que, en lugar de fortalecer, termine dividiendo al movimiento antes siquiera de llegar a la encuesta.
LO PEOR
Lo más preocupante no es la cantidad de aspirantes ni sus defectos individuales, sino la ausencia de un perfil claramente dominante que proyecte capacidad real de ganar Querétaro en 2027. El estado sigue siendo territorio panista y, hasta ahora, ninguno de los diez registrados parece tener la combinación de arraigo territorial profundo, atractivo electoral transversal y capacidad de unificar al movimiento que se requeriría para una victoria creíble. El riesgo mayor es que este proceso interno termine convirtiéndose en un ejercicio de legitimación interna más que en una verdadera selección de la mejor opción para disputar el poder. Si la encuesta final premia lealtad o capacidad de movilización de grupos antes que competitividad electoral, Morena podría repetir el error de 2021 y 2024: llegar dividida o con un candidato débil a una elección donde el PAN tiene estructura y un gobernador con buena evaluación. El verdadero examen será conocer si este proceso produce un candidato capaz de ganar o solo uno que sirva para mantener la narrativa interna de “unidad”.