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13 de julio 2026

Miguel Flores/Lo bueno, lo malo y lo peor

La construcción del tren México-Querétaro es una infraestructura de largo plazo que el país necesita. Sin embargo, su paso por el bulevar Bernardo Quintana en Querétaro ya revela las tensiones entre el interés nacional y la vida cotidiana de una ciudad.

LO BUENO
El Ayuntamiento de Querétaro no esperó a que el caos llegara para actuar. Al desplegar un operativo de movilidad y anticipar medidas como el home office, el ajuste de horarios laborales y la reubicación temporal de algunas oficinas públicas, las autoridades locales demostraron capacidad de gestión y responsabilidad institucional. Anticiparse al problema, aunque sea parcialmente, es siempre preferible a la improvisación reactiva. Esa reacción preventiva y coordinada constituye lo más rescatable del momento actual.

LO MALO
Aun con esas medidas, las afectaciones serán reales y prolongadas. Cortes viales, desviaciones obligatorias y el previsible colapso de las rutas alternas ya están en el horizonte. El hecho de que el propio gobierno municipal haya tenido que modificar la operación de su propia burocracia (y pregunte, con razón, si el sector privado hará lo mismo) evidencia que la capacidad de mitigación tiene límites claros. El periodo de prueba que está por iniciar pondrá a prueba simultáneamente la paciencia de los ciudadanos y la coordinación efectiva entre los tres órdenes de gobierno. La obra es necesaria. Las molestias, inevitables.

LO PEOR
El riesgo mayor no es solo el tráfico o las molestias diarias, sino la transferencia automática de la responsabilidad política. Aunque se trata de una obra federal, los ciudadanos no distinguen niveles de gobierno cuando no pueden llegar a su trabajo, cuando pierden tiempo en traslados o cuando un trámite se complica. Las quejas aterrizarán, inevitablemente, en el gobierno más cercano. Este desbalance abre una ventana peligrosa: que actores políticos de cualquier signo utilicen el enojo ciudadano para politizar las afectaciones y convertirlas en herramienta de golpeteo, en lugar de exigir soluciones técnicas y coordinación real. Cuando la obra termina, el tren quedará; el desgaste institucional y la erosión de la confianza ciudadana, si se manejan con oportunismo, pueden perdurar mucho más. La diferencia la marcará si las autoridades locales siguen actuando con anticipación y si todos los actores (federales, estatales, municipales y políticos) priorizan la solución por encima del señalamiento.

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