Lo que comenzó como entretenimiento, puede convertirse en un riesgo silencioso. Los videojuegos en línea son una de las formas más populares de interacción digital entre niñas, niños y adolescentes.
Sin embargo, cada vez hay más reportes de grooming (acoso sexual), trata de personas, adicciones, fraudes digitales y ciberacoso, escondidos detrás de una partida “inocente”.
Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, más de 1,600 menores fueron víctimas de delitos relacionados con el entorno digital en 2024, muchos vinculados a videojuegos en línea.
Plataformas como Free Fire, Roblox, Call of Duty, Fortnite o Among Us son usadas por delincuentes para ganarse la confianza de menores, extraer datos, enviar enlaces maliciosos o incluso concertar encuentros.
Los peligros no siempre son visibles: aislamiento, irritabilidad, falta de sueño, ansiedad, cambios bruscos de humor o bajo rendimiento escolar pueden ser señales de alerta.
La adicción a videojuegos también se relaciona con problemas de salud mental y desórdenes alimenticios.
El anonimato y la falsa sensación de “juego seguro” convierten estos espacios en terreno fértil para manipuladores. La clave: informarse, estar atentos y no minimizar cambios de conducta.