La infancia mexicana enfrenta un reto silencioso: cada vez hay menos tiempo para jugar. Entre jornadas escolares de hasta ocho horas, tareas, clases extracurriculares, largos traslados y padres con extensas jornadas laborales, millones de niñas y niños pasan gran parte del día cumpliendo obligaciones y disponen de pocas horas para el descanso, la convivencia familiar o el juego libre, una actividad considerada fundamental para su desarrollo.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), mediante el Módulo sobre Trabajo Infantil (MTI), casi siete de cada diez niñas, niños y adolescentes realizan actividades domésticas de forma habitual, además de asistir a la escuela.
A ello se suma que miles de hogares enfrentan tiempos prolongados de traslado y elevados gastos en transporte, alimentación, útiles escolares, uniformes y cuidados infantiles, lo que incrementa el desgaste económico y emocional de las familias.
Especialistas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y de la Secretaría de Educación Pública (SEP) advierten que el juego no es un lujo, sino un derecho reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño. Cuando desaparece del día a día pueden presentarse señales como estrés, ansiedad, irritabilidad, bajo rendimiento escolar, trastornos del sueño, sedentarismo y dificultades para desarrollar habilidades sociales.
El problema también impacta a madres y padres, quienes deben conciliar horarios laborales con actividades escolares, pagar estancias, transporte y apoyo académico, generando una presión constante sobre la economía familiar.
Señales de que un niño necesita recuperar tiempo de infancia
Dice constantemente que está cansado.
Tiene pocas oportunidades para jugar libremente.
Presenta irritabilidad o cambios de humor.
Pasa más tiempo haciendo tareas que jugando.
Utiliza pantallas como única forma de entretenimiento.
No convive con otros niños fuera del salón de clases.
Tiene dificultades para dormir o descansar.
Muestra desinterés por actividades recreativas.
Impacto económico para las familias
El poco tiempo disponible de madres y padres también implica un costo económico creciente:
Pago de transporte escolar o traslados.
Estancias infantiles o cuidadores.
Actividades extracurriculares.
Clases particulares.
Alimentación fuera de casa.
Uniformes y materiales escolares.
Especialistas señalan que estos gastos representan una presión importante para el presupuesto familiar y reducen la posibilidad de destinar recursos al ahorro o actividades recreativas.
¿Dónde recibir orientación?
Secretaría de Educación Pública (SEP)
Brinda información sobre bienestar escolar, convivencia y desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes.