¿Qué pasa si no ejercitamos el cerebro?; esto debes saber
Resolver rompecabezas, leer y aprender nuevas habilidades contribuye a mantener activo el cerebro durante el envejecimiento. La interacción social frecuente también forma parte de las estrategias para proteger la memoria. Foto: Cuartoscuro
Expertos recomiendan ejercitar el cerebro desde la adultez para reducir el riesgo de demencia. Conoce qué actividades funcionan y cuándo comenzar
Olvidar dónde quedaron las llaves o el nombre de una persona puede ser parte del envejecimiento normal, pero cuando las fallas de memoria comienzan a afectar la vida diaria podrían ser una señal de alerta.
Aunque la demencia suele asociarse con la vejez, especialistas coinciden en que la salud cerebral comienza a construirse décadas antes y que mantener el cerebro activo es tan importante como ejercitar el corazón o los músculos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos.
En México, la Secretaría de Salud estima que cientos de miles de personas viven con algún tipo de demencia, siendo la enfermedad de Alzheimer la causa más frecuente.
Además, la Comisión Lancet sobre Prevención, Intervención y Atención de la Demencia, considerada una de las principales referencias científicas internacionales, concluyó que hasta el 45% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse al controlar factores de riesgo modificables a lo largo de la vida.
Los especialistas recomiendan comenzar a cuidar el cerebro desde los 30 o 40 años, e incluso antes, ya que los cambios cerebrales relacionados con enfermedades neurodegenerativas pueden iniciar décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Aprender un idioma, tocar un instrumento musical, resolver rompecabezas, leer, escribir, practicar cálculo mental, desarrollar nuevas habilidades o mantener una vida social activa ayudan a fortalecer la llamada reserva cognitiva, una capacidad del cerebro para compensar el deterioro asociado con la edad.
Por el contrario, el sedentarismo intelectual, el aislamiento social, la hipertensión, la diabetes mal controlada, el tabaquismo, la pérdida auditiva sin atender, la obesidad y la inactividad física aumentan el riesgo de deterioro cognitivo.
Las señales que ameritan atención médica incluyen olvidar conversaciones recientes de forma repetitiva,desorientarse en lugares conocidos, dificultad para seguir instrucciones sencillas, cambios importantes en la personalidad, problemas para encontrar palabras comunes o perder la capacidad para realizar actividades cotidianas.
La falta de estimulación cognitiva no provoca por sí sola una demencia, pero sí puede favorecer una menor reserva cognitiva, haciendo que los síntomas de enfermedades neurodegenerativas aparezcan antes o sean más incapacitantes.
Entre las consecuencias se encuentran:
Disminución de la memoria.
Menor capacidad de concentración.
Lentitud para resolver problemas.
Dificultad para aprender información nueva.
Mayor aislamiento social.
Mayor dependencia para realizar actividades cotidianas en edades avanzadas.
Los ejercicios que más benefician al cerebro
Aprende un idioma o comienza a estudiar algo completamente nuevo.
Lee al menos 30 minutos todos los días.
Practica ajedrez, sudoku, crucigramas o rompecabezas.
Aprende a tocar un instrumento musical.
Camina 150 minutos por semana; el ejercicio físico también fortalece el cerebro.
Mantén contacto frecuente con familiares y amigos.
Escribe, dibuja o realiza actividades creativas.
Dormir entre 7 y 9 horas ayuda a consolidar la memoria.
Sigue una alimentación rica en frutas, verduras, pescado y nueces.
¿Dónde acudir?
Instituto Nacional de Geriatría (INGER)
Brinda información especializada sobre envejecimiento saludable, deterioro cognitivo y prevención de demencias.