El accidente cerebrovascular (ACV), también llamado ictus o infarto cerebral, es una emergencia médica grave que ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro (isquémico) o cuando un vaso sanguíneo cerebral se rompe (hemorrágico).
En México, esta enfermedad representa una de las principales causas de muerte y de discapacidad en adultos, y su incidencia está lejos de disminuir.
Según datos de la Secretaría de Salud, cada año se registran 170 mil casos de infarto cerebral en el país, de los cuales aproximadamente 75% dejan secuelas moderadas o graves.
Debilidad repentina en la cara, brazo o pierna, especialmente en un lado del cuerpo.
Dificultad para hablar o entender, lengua trabada.
Visión borrosa súbita en uno o ambos ojos.
Dolor de cabeza intenso sin causa aparente.
Mareo, pérdida del equilibrio o coordinación.
Cada minuto cuenta: por cada minuto de retraso se pueden perder millones de neuronas. Actuar rápido puede marcar la diferencia entre la recuperación o una discapacidad irreversible.
El contexto mexicano lo agrava: factores de riesgo crónicos como la hipertensión arterial (afecta a un porcentaje importante de adultos), diabetes, obesidad, tabaquismo y sedentarismo están muy presentes en la población.