Desde las 11:00 horas La Cañada comenzó a llenarse de turistas, fieles y habitantes de la zona qué buscaban lugar para apreciar toda el Viacrucis, la representación de la pasión y muerte de Cristo en el Viernes Santo a cargo del «Tribunal de Jesús».
Todo inició sobre la Calle Emiliano Zapata a un costado de la parroquia, dónde los actores pasaron para ocupar sus lugares en los tres escenarios ubicados en esa zona.
Primero pasó el sanedrín con Caifás y los sumos sacerdotes quienes serían los responsables de pedir el arresto de Cristo, posteriormente caminarán los oficiales de los mismos con el Nazareno amarrado.
Foto: Armando Vázquez
Atrás de ellos el gobernador Poncio Pilatos y atrás Herodes junto a sus doncellas; más atrás se ubicaba María, la madre del sentenciado junto a María Magdalena y Juan.
Cómo primera parte de la obra, representaban el momento en el que detuvieron a dos ladrones, los romanos agarraban a golpes a estos sobre el asfalto y los llevaban a la parte trasera del templo.
Posteriormente la gente volteaba al primer escenario, en esta semana hacía referencia al primer juicio por parte de los sumos sacerdotes a Cristo, en la que buscaban y preguntaban a testigos sobre los milagros que hizo.
«¿Qué no eres el que decía que destruiría el templo y en tres días lo renconstruiría con su cuerpo?… Es el que levantó a los muertos y curaba a los enfermos», replicaban aquellos que buscaban castigarlo.
Foto: Armando Vázquez
La gente, aún con el calor caminaba y buscaba lugar para el siguiente pasaje, sobre un balcón de una de las casas una niña gritaba «no, no lo maten, déjenlo en paz», lo que robaba las miradas y atención de los presentes.
Al ser presentado ante Poncio Pilatos, comenzó un nuevo interrogatorio, pero ahora a cargo del gobernador romano, quién preguntaba si en verdad era rey, y al no encontrar una evidencia en su contra intentó liberarlo pero el pueblo gritaba en su contra.
«Crucifíquenlo, muerte de Cruz», gritaban los sumos sacerdotes, y tras un nuevo juicio con Herodes volvió al pretorio donde fue castigado a golpes por parte de los romanos, haciendo que muchos de los presentes prefirieron no ver y al acabar esto salió Cristo con una cruz de 150 kilos rumbo al Cerro del Bautisterio.
Foto: Armando Vázquez
Toda la calle Francisco I. Madero se convirtió en Jerusalén durante el Viacrucis, en el que por un kilómetro y medio la procesión caminó recordando los pasajes donde Jesús se encuentra con su madre, con las mujeres del pueblo, la Verónica que limpia su rostro y cuando Simón de Cirene lo ayudó a cargar la Cruz.
«Viene la subida más pesada, ojalá si aguante Jesús el cerro», exclamó una señora a las faldas del cerro que tendría que subir junto a los romanos y al llegar a la cima fue crucificado, reuniendo ahí a decenas de personas que se buscaban un espacio para poder ver aquel momento del Viacrucis, incluso Protección Civil tuvo que cerrar el pasó por la cantidad de gente que intentaba subir.
Esta representación cumple 158 años de historia, participaron más de 150 actores.