No es solo cosa de las telenovelas. El lugar de trabajo puede también convertirse en escenario cotidiano de intrigas y confabulaciones. La diferencia estriba en que, en el segundo caso, el dolor infringido es real; depositamos nuestra confianza en un superior o en un colega, solo para descubrir lastimosamente que hemos sido traicionados.
Me he referido en esta serie a un libro escrito por los doctores en psicología Dennis y Michelle Reina, en el que nos aconsejan lo que deberíamos hacer en situaciones como ésta. Plantean ellos siete pasos que hemos de seguir para reparar el dolor que causa la amarga experiencia de sabernos víctimas de una traición: 1) Observar y reconocer aquello que pasó, 2) permitir que surja la emoción, 3) buscar y recibir el apoyo de otros, 4) redimensionar la experiencia, 5) tomar responsabilidad por aquello que nos corresponda, 6) perdonar y perdonarse, 7) Seguir adelante.
Previamente me he referido a las cuatro primeras etapas y abordo ahora las últimas tres:
Tomar responsabilidad por aquello que nos corresponda
En esta quinta etapa, es necesario admitir que tal vez yo contribuí de alguna manera a la traición de la que fui víctima. Como se dice coloquialmente, quizás yo “me haya puesto de pechito” para caer en la trampa que me fue tendida.
Hay algunas preguntas que podemos plantearnos para ponderar sobre lo que hicimos o dejamos de hacer: ¿Es posible que yo no haya expresado con claridad mis necesidades o que no le haya marcado los límites a la persona que me perjudicó? ¿Inconscientemente pretendo convertirla en “el malo de la película” para así ponerme la medalla del héroe traicionado? ¿Será que yo me traicioné a mí mismo al concederle ventajas que no debería haberle concedido?
A partir de sus experiencias de ‘coaching’, los autores citados nos hacen ver que en esta etapa típicamente escuchan cosas como las siguientes: “Fui tan ingenuo que no me di cuenta que él quería quedarse con mi puesto”. “Cuando me enteré de lo que Roberto había hecho, preferí hacerme la víctima en vez de hablar con él para hacerle ver cómo me había hecho sentir”. “Nunca le compartí mis expectativas y esto complicó las cosas”.
Tras responder las interrogantes anteriores, es menester emprender acciones para salir del atolladero y seguir adelante con nuestra vida. Estas acciones pueden consistir en programar una conversación con el susodicho para hablar de lo sucedido o, simplemente, alejarnos de él o ella. Lo importante es que salgamos con la frente en alto y la convicción de que hemos aprendido la lección. Nos podemos decir, por ejemplo: “Seré menos ingenuo en lo sucesivo”.
Qué hacer cuando fuiste traicionado (segunda de tres partes)
Perdonar y perdonarme
El sexto paso en el proceso de restañar heridas tras la traición de un amigo o compañero es mostrar compasión por él o ella y también por nosotros mismos. El doctor Dennis Reina apunta al respecto: “Otorgar el perdón es preguntarse qué necesitamos hacer o decir para dejar la situación atrás y forjarnos de un nuevo futuro al cambiar nuestra actitud con respecto al pasado”.
Al perdonar, nos liberamos de la asfixiante carga de la amargura y el resentimiento, que de otra manera seguirían mermando nuestra energía y entorpeciendo nuestras relaciones. Buscar la revancha o procurar la venganza sería impensable, pues solo nos pondría al mismo nivel que el ofensor y no nos conduciría a nada. El perdón, como nos hace ver el mencionado especialista, libera energía positiva antes bloqueada y disipa la energía negativa que nos tenía estancados; nos faculta a reincorporarnos a nuestros deberes con renovada confianza y sentido de compromiso.
La acción de perdonar no significa consecuentar los comportamientos traicioneros de terceras personas ni pretender que sus ruines acciones son aceptables. Lo que ésta pretende es reconocer que entendemos lo sucedido y que nos encontramos listos para retomar el sendero.
Qué hacer cuando fuiste traicionado (primera de tres partes)
Seguir adelante
El séptimo y último paso de la auto-sanación es recuperar la vitalidad tras sentirnos liberados. De lo contrario, nos condenaríamos a la sospecha constante en quienes nos rodean y al nocivo hábito de culpar a otros cuando las cosas no salen como quisiéramos.
¿Cómo estar seguros de que hemos dejado atrás la pesadilla? Cuando nos sentimos agradecidos de haber tenido una experiencia que nos deja lecciones y que nos impulsa a relacionarnos de una mejor manera con nuestros semejantes. ¿Y cuáles son los frutos que cosechamos? Abrir el entendimiento, revalorar nuestra realidad y vivir con menos rigidez la vida.
Acertadamente concluye el doctor Dennis Reina: “Cuando dejas atrás el pasado para seguir adelante, te puedes dar cuenta de que lo sucedido tuvo un motivo y una razón de ser, y que ésta que va más allá de la situación inmediata que te ha tocado vivir”.
(*) Doctor en Comunicación por la Universidad de Ohio y Máster en Periodismo por la Universidad de Iowa