Caballeros, tal vez no todos tengan hijas, pero todos, absolutamente todos tienen una madre (independientemente si vive o no, si tienen una relación cercana o no).
Les invito a hacer un ejercicio:
Imaginen a su mamá en la adolescencia, descubriendo su personalidad, tratando de empezar a forjar su espacio en este mundo, en la sociedad. De pronto, empieza a ir a fiestas, a divertirse, a descubrir su sexualidad y en ese camino, se topa con alguien que la toca inapropiadamente – tal vez una nalgada o un pellizco – sale a divertirse y surge algún rumor de que es una “chica fácil”, y así comienza a vivir diferentes tipos de violencia normalizados, y eso solo el inicio.
Decide entrar a trabajar y se da cuenta de que no es tomada realmente en serio, simplemente por ser mujer. Por supuesto, su salario siempre será menor que el del hombre. En los espacios que va ganando, los rumores de “cómo llego a ese puesto” caen siempre en lo mismo: se acostó con alguien. Estando en una reunión, los cuchicheos continuos de sus colegas del sexo opuesto son: “esta vieja loca, mejor que se vaya a su casa a cuidar a sus hijos”, y así, miles de ejemplos más.
Ahora, quienes me leen y tienen hijas, trasladen lo anterior a ellas, ¿les gustaría verlas pasar por todo esto? estoy completamente segura de que no. Entonces ¿por qué hacerlo a las demás? A quienes no son sus madres o sus hijas. De dónde viene esta división de comportamiento, de RESPETO.
Remontémonos a la historia, desde Aristóteles, la Edad Media, Jack el Destripador, etapas cargadas de violencia y sometimiento a las mujeres, de misoginia y hoy en pleno siglo XXI, se sigue queriendo someter, violentar y disminuir a la mujer, resaltando como cualidades positivas que debiera tener; la abnegación, el recato, la obediencia, “el respeto al hombre”, ¡vaya ideal! Pues en ello, la mujer se va poco a poco desdibujando, viviendo sin descubrir su verdadera naturaleza, su potencial, su libertad de SER.
Y claro, la historia ha maldecido a aquellas mujeres que no se dejaron dominar, mujeres con personalidad propia que hoy cada día van siendo más y más, forzando a un reacomodo en todos los ámbitos, y claro, no es cómodo para nadie.
Me alegra tanto que hoy estemos en un cambio (tal vez forzado) de conciencia, en donde las nuevas generaciones están empujando a las pasadas a abrir los ojos, a ser espejos donde se reflejan los malos hábitos y comportamientos machistas, generación donde cada vez se levanta con más fuerza la voz para exigir respeto, derechos, posiciones, igualdad.
Pregúntate qué conductas sigues perpetuando, y por qué lo haces. ¿A qué le tienes miedo? ¿A qué le tienes rechazo y por qué?
El mundo necesita de tu empatía, de tu respeto, de tu conciencia. Vuélvete un espejo en donde todos quieran reflejarse como un referente positivo, no como alguien que no quieren llegar a ser.