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7 de agosto 2025

Yamile David

Hace un mes tuve la oportunidad de participar en un evento enfocado al “bienestar del ser humano”, en la ciudad de Liubliana, en Eslovenia. Mil activistas de 97 países nos dimos cita para informarnos, compartir y reflexionar al respecto. Quedé sorprendida de todo lo que implica e impacta este concepto.

Hoy en día sabemos que la salud no es solo no estar enfermo, implica una visión integral construida por el bienestar físico, mental y emocional, a esto le llaman tener visión holísitica.

En la sociedad actual, donde el ritmo acelerado de vida, el estrés constante y las responsabilidades diarias parecen no dar tregua, el bienestar del ser humano se ha convertido (o debería convertirse) en un tema central, tanto individual como colectivo.

¿Qué implica cuidar el bienestar?

No se trata de un estado estático, sino de un proceso continuo de equilibrio y crecimiento. Invertir en nuestro bienestar personal no solo nos beneficia a nosotros mismos, sino que también contribuye a una sociedad más saludable, justa y feliz. Cuidarse no es egoísmo, es una forma de responsabilidad con uno mismo y con los demás.

¿Y el papel del estado?

En cualquier sociedad organizada, el principal objetivo del Estado debe ser el bienestar de las personas que lo conforman. Más allá de la administración de recursos, el poder político tiene la responsabilidad ética y legal de crear condiciones que permitan a cada individuo desarrollarse plenamente, vivir con dignidad y alcanzar una buena calidad de vida. Garantizar el bienestar humano no es un lujo ni una concesión: es un deber fundamental del gobierno, no un privilegio reservado a unos pocos.

Un gobierno que coloca al ser humano en el centro de sus políticas no solo construye una sociedad más justa, sino también más fuerte y cohesionada. Ignorar esta responsabilidad alimenta la desigualdad, la exclusión y la desconfianza hacia las instituciones.

Hay quienes ven el gasto social como una carga económica, cuando en realidad es una inversión estratégica. Los países que han apostado por el bienestar como política de Estado muestran mayores niveles de productividad, innovación, estabilidad política y paz social. Invertir en salud, educación y protección social es sembrar el futuro de una nación.

La cultura también es bienestar.

Un aspecto muchas veces olvidado en este debate es el papel de la cultura. Como han dicho grandes líderes y pensadores, la cultura es el oxígeno de las ciudades. Sin embargo, suele ser uno de los sectores con menor presupuesto e importancia en la agenda pública. Promover el acceso a la cultura, el arte y la identidad colectiva es también promover salud mental, sentido de pertenencia y cohesión social, lamentablemente, es el sector al que menos importancia y presupuesto se destina.

Hoy, en un mundo que atraviesa profundos cambios políticos, sociales y ambientales, urge reforzar el sentido humanitario. Necesitamos devolverle valor, dignidad y centralidad al ser humano en todas las decisiones públicas y privadas. El bienestar no puede ser una meta lejana ni una promesa vacía: debe ser una política real, constante y compartida.

Y tú, ¿qué haces cada día para fomentar tu bienestar?

 

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