Yamile David/Presidenta del Observatorio Ciudadano de Querétaro.
@Ocqciudadania
@YamileDG
En días recientes, en Querétaro se llevó a cabo una reunión entre autoridades militares, funcionarios estatales y representantes de medios de comunicación. Un espacio que, en teoría, convocaba a voces influyentes del periodismo local. Sin embargo, hubo una ausencia evidente: no se invitó a una sola mujer.
Ni directoras de medios.
Ni periodistas.
Ni columnistas.
La omisión no es menor. Es un reflejo de una práctica persistente: excluir a las mujeres de los espacios donde se construye la narrativa pública.
Lo que siguió agrava aún más el problema. En un pódcast posterior, ‘En blanco y negro’, en donde participan Adán Olvera, Aurelio Peña y Mario León (directores de medios de comunicación), abordaron el tema, en donde Mario León, sin matices, dijo que la exclusión de mujeres a esa reunión no era responsabilidad suya porque “si nos las invitaban era porque no importaban”. Adán y Aurelio rieron.
Ahí está el fondo del asunto.
La violencia contra las mujeres no siempre se manifiesta en actos explícitos. También vive en la omisión, en la descalificación y, sobre todo, en la complicidad. En la risa que valida. En el silencio que respalda. En la normalización de discursos que niegan el valor y la presencia de las mujeres en la vida pública.
Decir que las mujeres “no importan” no es una opinión aislada. Es la expresión de una estructura que históricamente ha minimizado, invisibilizado y excluido nuestras voces. Cuando esa afirmación no se confronta (cuando se celebra o se toma a la ligera), se convierte en un acto colectivo.
No se trata de “culpas individuales”, sino de responsabilidades compartidas. Quienes ocupan espacios de poder mediático no solo informan: también moldean percepciones, legitiman discursos y definen quién cuenta y quién no.
Por eso, este no es un reclamo menor ni un tema de susceptibilidad. Es una exigencia de representación, de respeto y de reconocimiento.
Las mujeres no solo importamos: somos parte fundamental del análisis, la crítica y la construcción de lo público. Excluirnos no es una omisión inocente; es una forma de violencia y visibilizarla es el primer paso para erradicarla.
A menudo me pregunto por qué históricamente se nos ha visto menos. Por qué se nos quiere controlar, subestimar y someter. De dónde viene esa necesidad del hombre de ponerse en un peldaño (o muchos) más arriba.
Bueno, en lo que logramos entenderlo (si es que lo logramos), hay que seguir levantando la voz, visibilizar, exigir y exhibir las conductas normalizadas, y buscar que los hombres entiendan lo que claramente siguen sin entender.