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1 de diciembre 2024

Apenas salieron de la fondita Don Guillermo y Bernardino, ‘La Carambada’ se dirigió a la mesa donde estaban calladitas Chala y Shedy. La noche era franca y el mechero apenas permitía ver sus rostros como si fueran sacados de una novela de espantos, haciendo que la escena cobrara un tono tenebroso. La cara redonda de Shedy resultó ser la menos estética al faltarle al faltarle un ojo, cuadro que remataba una cabellera desordenada. Shedy parecía más bien una bruja de cuentos de horror, para espantar a cualquiera.

-¿Apolonia, cuándo llegaron a Querétaro estas niñas? Preguntó Leonarda.

– Hace como dos horas.

– Ya comieron, me imagino… el silencio fue la respuesta.

– Cómo eres tonta mujer, sírveles algo, deben estar muertas de cansancio y de hambre.

Leonarda viendo a las dos mujeres, preguntó cuánto tiempo les tomó llegar a Querétaro, quedando sorprendida por la respuesta

– Dos día, caminando.. En un tono misericordioso repregunta

– Tú eres Shedy y ella es Chala. ¿Son hermanas…?

– Cuñada

– O sea, esta, Chala, ¿Es hermana de tu esposo?

– Sí…

La imagen de las jóvenes no podía ser más patética. Buscando suavizar el momento, Leonarda propuso a Shedy con voz maternal, que le platicara del marido y la razón que la traía con ella… pero que sea después de que coman algo… Apolonia había dispuesto una mesita con un humeante caldo de gallina con verduras, un tazcal con tortillas azules y en una cazuelita, unos chiles serranos. El único ojo de Chala se iluminó del puro gusto.

– Mira mujer, ya que hablarás del hermano de Chala, será mejor que platiquemos estando solas para que así, puedas habar con plena confianza y puedas decir lo que tú quieras. Es bueno que sepas que lo que se diga aquí, queda como un secreto entre nosotras. Boca cerrada siempre… Se miraron las mujeres entre sí y sin mediar palabra o gesto alguno, ambas aceptaron los términos de la charla.

– Vente pa’cá, dijo Apolonia a Chala,  apartándola de la escena, yendo a la cocina.

– ¿Cuántos años tienes Shedy?

– No sé, señora

– ¿Tus papacitos viven?

– Sí, mamá, pero casi no mueve en la cama. Enferma en su cabeza. La muchacha se estremeció y se tapó la cara con el rebozo. ‘La Carambada’ se dio cuenta de que no era un momento oportuno y reinó el silencio por un buen rato. Dejó todo para el día siguiente.

Hacía sólo unas semanas que Shedy atemorizada, veía y acariciaba a sus 3 niños, la mayorcita de ocho años y dos varoncitos, de cinco y dos. Odiaba el momento en el que el marido aparecía en el dintel de la modesta casita: era presagio de insultos y arrebatos del brutal agresor. Las lamentaciones de ella y su hija eran insuficientes, por lo que pensó que debía romper esta nociva inercia y dar nuevo curso a su vida y a la de sus hijos. Decidió actuar, pero sólo había que esperar el momento adecuado. Sabía qué hacer, todo se reducía al cuándo y el cómo. Desde este crucial momento, ahora podía tomar todo con mejor ánimo, soportar las agresiones del hombre con la certeza de que éstas tendrían un final: – Pérate nomás maldito, ‘pérate nomás”, se decía mientras la zarandeaban. La oportunidad tocó a su puerta.

Apolonia había llegado a Amealco para a asistir al bautizo de un sobrino al que le pondrían Canuto al pobre niño. Sin línea sanguínea de Apolonia con la familia, estando cercana a los niños, estos le decían ‘Tía’, distinción que le gustaba, en el entendido de que para ella la maternidad era inexistente en sus planes.  Shedy y Apolonia se sentaron una junto a la otra durante la ceremonia, cercanía que se prolongaría hasta el final. Ya en el atrio, comenzaron a platicar, llamando la atención de Apolonia el cuidado con el que su amiga se tapaba el rostro con un reluciente rebozo, moda muy propia de jóvenes en eventos concurridos. Sabiendo que el bebé Canuto estaba libre de todo pecado original, dio comienzo el tradicional convivio, oportunidad para que ambas mujeres pudieran conocerse mejor y platicando a sus anchas.

Shedi pudo confesar su triste situación en una extraña mezcla champurrada de Castellano y su lengua materna, Hñähño. Habiendo confianza, ambas se sentían a gusto, una escuchando y la otra desahogándose de su angustiosa vida con un cobarde.

– Es un hombre malo este esposo tuyo, dijo finalmente Apolonia. Ya entrado el atardecer, las mujeres se despidieron, aún con la algarabía de los niños y los tronidos de algunos cohetes.

– Déjame hablar con mi patrona, que es una persona que te ayudará a sacar esa espina que trais clavada,

– No que quebrarás a la mera hora, verdá?

– Pos yo creo que no, mi pá me enseñó que debemos salirle al toro siempre. Tú sola, si cuesta, pero ya veré usté. Sé cuánto pesa la carga, como si juera mula. Rieron ambas por la ocurrencia y Apolonia prometió mandarle el recado con Régulo, el mulero que hacía la ruta de mercaderías desde Jilotepec. – Siempre llega con nosotras, para hacer entrega de mercancía y otras cosas para mi patrona.

Régulo, dirigiéndose a Shedy, le dice

– Manda decir la señora Apolonia que la espera en la garita de México, a eso de las 2 o 3 de la tarde el domingo. ¿Ya sabe dónde está?

– No señor.

– Mira señora, de regreso de Jilotepe, es viernes y nos vamos juntos a Querétaro y la llevo a la cenaduría donde atiende la señora Apolonia. ¿Conoce a su patrona, la señora ‘Carambada’?

– No, señor

– Pos entonces no conoce usté a nadien. Todo esto dicho en perfecto Hñähñu u Otomí.

El ‘qué hacer’ estaba dicho, el ‘cuándo’ estaba ya bocetado en la cabeza de Shedy y el ‘cómo’ asomaba por una ventanita. Para ir a Querétaro Shedy tuvo que arreglar con quien dejar a sus hijos y convencer a su cuñada Chala para que la acompañara, caminar dos días a veces a pie y a veces sobre el lomo de una de las mulas de Régulo, saliendo de Mexquititlán, su pueblo de origen y del que nunca habían salido. Ya en camino, Shedy recordaba como vivía encarcelada en el oscuro jacal, condenada a una vida monótona y gris, dominada por un manto de miedo., rasposa sensación que era aliviada por la miel que surgía a borbotones de la risa de sus hijos, pero sólo por momentos. Ahora, optimista, tenía frente a ella, la promesa de crepúsculos y amaneceres renovados, frescura en el aire para respirar. De su pecho surgía una imaginaria lámpara votiva, cuya luz esperanzadora no era otra cosa que la rebeldía estallando en el corazón de este nuevo ser humano. Así, durante la travesía, Shady se consolaba, ¿Que estará haciendo ahora el muy animal? Debe estar bien borracho y enojado, aventando cosas. Lo bueno es que los niños están con mi mamá y ahí  no se acerca ni de chiste, pues mis hermanos lo golpean. Recordaba igualmente, cómo sus hermanos siempre le reprocharon el haberse casado con ese hombre y cómo. Hoy día, lo tenían advertido: – Nuestra hermana es una tonta al haberse casado contigo, pero nosotros no lo somos y ni te le acerques, maldito cobarde. No te matamos solo por respeto a ella y a sus hijos. Así eran ahora las cosas, después de que Shedy abandonara a su esposo.

Al final de la extenuante jornada, arribaron como quedó dicho, a Querétaro por la garita de México y se encontraron con Apolonia.

– Gracias Régulo, estamos en lo dicho, ¿no? Sin hacer caso a estos códigos entre el arriero y Apolonia, las mujeres se sintieron aliviadas al estar a salvo en un sitio acogedor y confiable. Apolonia, reconoce la valentía de la muchachas y les asegura que verían a su patrona, señalándola, apenas se librara de atender la mesa ocupada por dos señores muy bien ataviados. Las mujeres jalaron a una mesita de un rincón a esperar. Mientras, Shedy observa la cautivadora figura de ‘La Carambada’: Ahí está la mujer cuyas hazañas le platicara Régulo durante la pesada jornada, clavándole la mirada con el solitario ojo. Sintió una recorría una corriente de confianza y bienestar. Estaba cansada, muy cansada, con hambre. Colgada del pescuezo, todo el tiempo, de una sensación de tristeza al pensar en sus hijos. Leonarda, con voz autoritaria, dice

– Quédense a dormir aquí hoy. Apolonia, acomódalas y dile a Benito, tu marido, que se vaya preparando para llevar mañana mismo a estas mujeres a su pueblo y en el momento que ellas le ordenen. Que se lleve la yegua alazana, la más fuerte.  Al final, dirigiéndose a las visitantes, les dice que por la mañana platicarán en paz

-.Primero vamos a misa, rezamos un poco y encomendamos nuestras almas a la Virgen del Carmen, pues necesitaremos de mucha ayuda celestial, para lo que nos espera.

Las cuñadas se asustaron por lo dicho por La Carambada, pero ya estaban subidas a la carreta en esta aventura. ¿Bajarse? ¡Nunca!

01 de diciembre 2024.

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