
La única manera de gozar la vida,
con sus cosas pequeñas o trascendentales,
es cuando uno decide depositarlas en nuestro interior,
en ese rincón que con frecuencia olvidamos que existe. Los ruidos del exterior nos distraen.
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El día es despejado, Candelaria y Andrea disfrutan un café en un local en el Centro Histórico de Querétaro. Son jóvenes y aman la vida, aman a todos y a todo, nada más porque sí, en parte porque esa es su naturaleza y en parte por la radiante juventud que las distingue. Siendo niñas, brincaban gustosas al salir al recreo y hoy con ese mismo regocijo, se reúnen a tomar un café, hambrientas de hablar y hablar, para continuar hablando hasta que sus gargantas queden resecas. No importa, hay cansancios gratos y reconfortantes. Finalmente, lo que estas mujeres hacen, es declinar el verbo amar en todas sus formas y tiempos: amar al prójimo, tal y como lo dicta toda filosofía religiosa.
– Bueno, continúa Candelaria, pues Bernal resultó ser un importante bastión político-militar de resguardo. Al menos eso entendí. Las huestes españolas tenían que someter a los grupos autóctonos de la región, siendo estos los Pames, los Jonases y los Chichimecas, estos últimos los más feroces y defendían lo que consideraban como suyo, hasta la muerte.
En un poco más de dos horas, las jóvenes sólo interrumpen su plática para rellenar la taza de café o pedir algún bocadillo para entretener al estómago. Alegremente traen información que dará color a este excitante viaje familiar al Pueblo Mágico. Les entusiasma el hecho saberse responsables de sus respectivos hogares, gozando de una vida rica en amores con sus esposos y sus hijos.
Las amigas ríen de buena gana, quedan exhaustas de tanto parlotear. Satisfechas y sonrientes, hacen por fin, silencio. Dividen la cuenta en partes iguales, pagan y se levantan de la cafetería en la preciosa Plaza de los Fundadores, plaza que exhibe las estatuas de los que se consideran fundadores de la ciudad: Don Fernando de Tapia, conocido como “Conin”, Nicolás de San Luis Montañez, Don Juan Sánchez Alanís (creador de la traza de la ciudad) y Fray Jacobo Daciano, primer evangelizador de los grupos indígenas dispersos en la zona.
Ya en el auto, Candelaria al poner con ambas manos su bolso en el regazo, de manera casual, Andrea se percata de una lesión en la piel de la mano derecha de su joven amiga. Una breve y extraña marca en una de esas manos tan femeninas y de una evidente tersura. Sin embargo, no hizo ningún comentario, diciendo para su interior: Ya habrá ocasión de preguntarle o tal vez ella misma me cuente la historia de esta extraña marca. ¿Un accidente? ¿Un descuido? ¿Una agresión? Bueno, démosle tiempo al tiempo… Por lo pronto, Bernal nos espera con sus secretos, su magia y ¡Tantas otras sorpresas!






