Logo Al Dialogo
28 de diciembre 2025

Respetado lector, muchos son los modos o maneras de regalar y, sin duda, un nuevo texto es un buen regalo, sobre todo si éste surge del corazón del que escribe. Si decides leer este texto, estoy seguro de que algo se moverá en tu interior, una extraña y avasalladora sensación llamada felicidad. ¿Porqué? Siendo diciembre de 2025, mes propicio para regalar, entrego desde mi corazón, la última columna del año en el Diario AlDiálogo, mi casa Y si 2026, te estamos esperando confiados en nuestro destino.

Era temprano, serían como las 9 de la noche, cuando Gustavo y Marisa pensaron ir a la cama después de haber cenado un buen plato del sobrante del guiso del mediodía, acompañado de dos o tres tortillas, haciendo caso omiso de la recomendación de desayunar como rey, comer como príncipe y cenar como pordiosero. Ambos se levantaron de la mesita en la cocina, en silencio, mecánicamente.

– Deja, yo lavo los trastos.

– Gracias viejito, te espero en el cuarto.

Ésta, que en otros tiempos pudo ser una invitación excitante, se había convertido en la pareja algo convencional y rutinario, después de 20 años de matrimonio y tres hijos. Gustavo y Marisa habían dejado atrás la pirotecnia íntima, armónicamente desgastada en una convivencia estable y con la distinción de ser un compromiso hasta la muerte. El silencio ahora frecuente entre ellos, se convirtió en un lenguaje virtual y cotidiano. Ellos se entendían con voces silentes que al final del día se transformaban en confesiones y charlas. Se conocían las miradas y los gestos. Sabían cuándo había lágrimas escondidas y cuándo gritos contenidos por la alegría. No había resquicio alguno para engaños o mentiras.

– ¿Cómo te fue en el banco? Pregunta Marisa

– Ya se arregló el asunto. Me depositan mañana o el viernes. Me avisarán por el celular o por correo. El silencio regresa a la alcoba. Toca a Mauricio preguntar

– ¿Y a ti? ¿Fuiste al hospital a ver a Lulú?

– Sí, la dan de alta la semana que entra. Su expresión cobra vida y aclara: mira que la pasaron mal en su casa, sobre todo sus muchachos, que son los que verdaderamente se ocupan de ella. El marido es un baquetón de primera… Gustavo previene diciendo

– Pero que no se les olvide…Lourdes no está todavía dada de alta, a lo que Marisa agrega

– Se puso contenta por mi visita y, si, la saludé de tu parte. Me preguntó que cómo estabas y le dije que optimista, por la venta del Rancho.

– Pues ahora que sabe que tengo dinero guardado, ¡Le voy a caer mejor!

– A mí siempre se me hizo que, desde jóvenes, le gustabas y hasta llegó a estar enamorada de ti –dijo Marisa, en tono malicioso-.

El silencio se hizo más agudo. Gustavo, ni en broma, aceptaba esos comentarios ya que la lealtad por su mujer era de acero, inquebrantable. Porqué, reflexionaba. las mujeres preguntan a sus parejas, alguna vez en su vida: ¿Me quieres? o ¿Alguna vez me has engañado con alguien? Esta duda las perseguirá hasta el final de sus días.

Sin hacer mucho caso del ligero comentario de su mujer, se acomodó ricamente en la cama individual y encendió la lamparita de lectura, tomando el libro de autoayuda y que recién comenzaba: Dios Nunca Parpadea de Regina Brett. Como siempre, pone atención al protocolo facial nocturno de Marisa: Cremas de dos o tres tipos y otros menjurjes utilizando algodones o kleenex…dale que dale, luego, el cepillado del cabello, siempre con los ojos desmesuradamente abiertos… se da cuenta de cómo proliferan las arrugas en su cara. Así todas las noches, sin importar donde estuvieran, el mismo ritual religioso. Observándola, él afirma el amor que siente por ella.

– Fui a mi terapia con el Dr. Jaimes. No vale la pena gastar $800.00 la hora, en algo en lo que no crees… con ese dinero hago un ‘super’ bastante bueno!

– Te lo dije… qué diablos tienes que ir con un psicólogo, dijo Gustavo, moviendo la cabeza negativamente. ¡Tú eres quien puede curar a cualquiera, de todo! Complementa con énfasis: la separación de Leticia es asunto de nuestra hija y del tonto de Raúl. ¿Quién te dijo a ti que eras responsable, aunque fuera en parte, de este fracaso anunciado?

– Y sí, me siento… me meto, aunque no debiera… pero tú sabes ella es frágil y él abusa al ser macho y dominante… y gracias a su mamá. Eliana, la conoces, me dijo que el Dr. Jaimes me ayudaría a entender mejor el asunto que cada vez se embrolla más… Gustavo ataca

– Eliana siempre anda volando, queriendo arreglar el mundo para los demás; primero que vea la bronca de su propia hija, que anda en drogas. Pero mira preciosa: Los aciertos o desaciertos en cualquier pareja, viejos o jóvenes, es asunto exclusivo de ellos y nosotros los que estamos enfrente, no podemos, no debemos intervenir. Si te fijas, en minutos, han aparecido los nombres de Leticia, Raúl, el tuyo, Eliana la prima, nuestra consuegra y los que se acumulen ¡en la próxima hora!

– ¿Y entonces qué crees que debo hacer?

– Por Dios, tú tienes la respuesta. La lógica te lo está gritando y el sentido común te lo lanza a la cara. Qué, cuando te ves en el espejo, ¿no ves en tu carita las respuestas? No, no son arrugas o signos de vejez: ¡Son experiencia pura! Saca jugo de esa experiencia, de tu sabiduría acumulada como madre que eres.

– Es cierto viejito, tienes razón.

El silencio volvió a reinar en la alcoba. Cariñosa y solidariamente, Marisa alcanzó la mano de su esposo. Ambos se sintieron tranquilos. En ese momento sonó el celular de ella:

– ¿Lety? ¿Qué pasó linda? Dime, ¿Cómo están las cosas? El entorno se volvió solemne. Después de unos segundos, mientras su hija comentaba las novedades en su casa, exclama gustosa:

– ¿De veras? ¡Qué gusto me da mi niña! ¡Los niños deben estar felices!

Aleja el aparato de su boca y discretamente le dice a Gustavo:

– Raúl está de regreso en su casa…

Madre e hija continuaron charlando por unos minutos más y se despidieron, con la promesa de verse a la mañana siguiente, después de que su hija deje a los niños en la escuela. Con una voz serena y convincente die a su marido

-. Vendrá a desayunar mañana. Le voy a preparar su pan francés, que tanto le gusta. ¿Cómo la ves, viejo? Qué bueno, ¿no? Él machaca

– Pienso que ella ya no es una niña y debes dejar de verla como tal. ¿Vas a hacer una fiesta con pan francés, porque piensas que las cosas dejaron de estar graves con Raúl? El que anda con tontos, pronto estará haciendo tonterías.

A Marisa le cuesta trabajo entender por qué Gustavo decía estas cosas, cuando para ella, todo apuntaba a que las diferencias entre la joven pareja podrán mejorar cada día. No importa que no fueran tan color de rosa… la distancia, es enorme entre hoy y el día en el que las broncas terminen entre ellos. Ella, es una buena mujer, excelente diría, pero emocionalmente débil, mientras que el baboso con el que se casó es profundamente insensible, incapaz de diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal o el agua del aceite, lo blanco de lo negro e incapaz de ver en el corazón de Leticia, la bondad, dulzura y candidez, que le son características y que hacen de ella, una excelente madre. Confiesa: sí…prepárale su pan francés, pero, igual, prepárala para que reconozca y enfrente su realidad antes de que sea tarde… aunque pienses que ahora mismo ya es tarde. A los hijos no solamente hay que dejarlos volar, sino hay que obligarlos a ello, cuando vemos que no dan el brinco en tiempo y forma, tal y como ocurre con mamá gorrión cuando empuja a su polluelo del nido, escuchando la voz de su naturaleza: ¡Échalo a volar! No podemos hacer dependientes a los chicos, los castramos, amarramos sus alas. El espacio se llenó de un silencio pastoso y sugestivo.

Al día siguiente, Marisa apenas vio la luz del día y antes de bajar a la cocina para preparar el desayuno, se dirige al clóset donde guarda celosamente sus cosas más íntimas. Saca con cuidado el álbum de fotografías. Busca uno foto en particular, una en la que está ella con sus dos hijas, Leticia principalmente. Qué extraño reclamo interno la llevó esa mañana a preguntarse cosas como: ¿Seré una buena madre?’ ¿Habré educado bien, a mis 2 mujercitas? ¿Soy tonta al haber aceptado ir a terapia, cuando sé que ese es un camino que en mí no funciona? Debo ser más lista y como dice mi viejo, hay que poner más atención, sabiendo que las respuestas están en el corazón de cada uno de nosotros. Debemos aplicar la lógica de y el sentido común.

Gustavo, todavía inconsciente, siente los movimientos de Marisa y medio abre un ojo y la ve salir del cuarto. Se reacomoda y recuerda que es viernes, día de ir al gimnasio. Se alegra por eso.

Marisa guarda con delicadeza el álbum y se dirige a cocina, centro neuráligico del hogar. Recorre mentalmente los ingredientes para el desayuno: pan de caja, huevos, leche, vainilla en polvo, azúcar y miel de maple o de abeja, por si acaso. Alinea unos trastos. Reflexiona diciéndose: No te metas, no opines, no hables… mantente alejadita … cerca, pero alerta. Ellos sabrán… Se da un respiro y recuerda que tiene que hablar con el Dr. Jaimes y de regreso, pasar por el súper.

Marisa sintiéndose tan libre como mamá gorrión, dejará que sus hijos vuelen y tengan el derecho de equivocarse, en este constante ir y venir de las cosas y los eventos. Sabe que si resbalan o caen, se levantarán. Madre natura obliga, aristotélico principio que será en adelante, lema a aplicar en su vida.

Logo Al Dialogo
CREAMOS Y DISTRIBUIMOS
CONTENIDO DE VALOR
DOMICILIO
Avenida Constituyentes 109, int.11, colonia Carretas.
C.P.76050. Santiago de Querétaro, Querétaro.
AD Comunicaciones S de RL de CV
REDES SOCIALES
Logo Al Dialogo
© 2024 AD Comunicaciones / Todos los derechos reservados